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(Lectura de la Biblia en tres años: Números 26:21–51, Marcos 12:18–27)

UNA BUENA NOTICIA PARA LAS NACIONES

En aquel día se alzará la raíz de Isaí como estandarte de los pueblos; hacia él correrán las naciones, y glorioso será el lugar donde repose.

—Isaías 11:10

¿Siente que el año pasó volando? Yo sí. El tiempo que queda será de mucho ajetreo. Por eso, es saludable dedicar cada momento para meditar en la venida del Señor.

Isaías, en el capítulo once habla de la venida de Cristo así: «Del tronco de Isaí brotará un retoño; un vástago nacerá de sus raíces. El Espíritu del Señor reposará sobre él: espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor.» (vers. 1,2). Isaías había profetizado que Asiria sería como un árbol cortado a la altura de su poder (10:33–34), para no levantarse jamás. Del reino de Judá (del linaje real de David) dijo que sería cortado como un árbol reducido al tocón, el tronco que queda pegado a la raíz. Pero, que a partir de ese tronco (la descendencia de Isaí, el padre del rey David) surgiría un vástago: el Mesías (o Cristo, significa ungido), un descendiente de David, ungido con el Espíritu Santo, que sería rey por siempre (2 Samuel 7:16).

¿Quiénes disfrutarían las bendiciones del reinado de Cristo? Todas las naciones: «se alzará la raíz de Isaí como estandarte de los pueblos; hacia él correrán las naciones». Cristo fue alzado en la cruz como el estandarte hacia el que correrán las naciones, tal como él mismo lo dijo: «Como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.» (Juan 3:14–15). Dios mandó colocar la serpiente como un signo o señal (en Números 21:8, usa el hebreo «nes» que significa señal, símbolo). La cruz señala el propósito de la primera venida de Cristo (1 Corintios 2:2). Dios nos da esa señal que significa el amor ágape por el cual nos salvó. Cristo vino, para ser sustituto nuestro y así salvarnos de la condenación eterna: Él obedeció perfectamente la voluntad de Dios en lugar de nosotros y recibió el castigo que merecemos: «¡Mirad a mí y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay otro!» (Isaías 45:22, RV95). En gratitud vamos a querer poner toda nuestra atención primero en Cristo (Colosenses 3:1–4)

Oración:

Señor, aunque no lo merezco, con tu justa vida me salvaste gratuitamente. Te suplico que mi vida entera esté consagrada a Ti, Señor. Que a mis manos pueda guiar el impulso de tu amor. Que mis pies tan sólo en pos de lo santo puedan ir: y que a Ti, Señor, mi voz se complazca en bendecir. Que mis labios al hablar, hablen sólo de tu amor. Que mis bienes dedicar yo los quiera a Ti, Señor. Que mi tiempo todo esté consagrado a tu loor. Que mi mente y su poder sean usados en tu honor. Toma, ¡oh Dios!, mi voluntad, y hazla tuya nada más; Toma, sí, mi corazón y tu trono en él tendrás. Amén. (CC255). Amén.

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