(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Samuel 8, Lucas 17:11–19)

EL NOMBRE QUE ESTÁ SOBRE TODO NOMBRE

Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,

—Filipenses 2:8–9

«¿Qué hay en un nombre? Lo que llamamos rosa tendría la misma fragancia con cualquier otro nombre» (Palabras que William Shakespeare pone en boca de Julieta en su célebre tragedia «Romeo y Julieta») Es verdad que, en nuestra cultura occidental, las características de un ser no dependen de su nombre. Sin embargo, en el ambiente bíblico un nombre no solo sirve para identificar al sujeto sino también para describirlo. ¿Cómo así?

Cuando Dios creó al varón y a la mujer llamó «Adán» a ambos Pero es el varón quien dio un nombre específico a la mujer: «llamó Eva a su mujer, porque ella sería la madre de todo ser viviente.» (Génesis 5:1–2; 3:20). Este nombre describe la característica distintiva de la mujer que es la de dar luz, algo que el varón no puede. Con esto en mente podemos entender mejor el nombre del salvador. Jesús significa «Jehová es salvación». Este hecho nos revela que solo hay salvación en Cristo, como está escrito: «De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos.» (Hechos 4:12). Puesto que Dios es omnipotente ningún nombre es adecuado plenamente para describirlo. Por eso es necesario usar muchos nombres conforme la característica que necesitamos de él. Así cuando fue necesaria su divina provisión se suplicó su intervención clamando en el altar: Jehová-jireh (Jehová proveerá). La cruz es el altar donde se derramó la sangre del pacto para clamar la salvación invocando a Jehová salva, es decir Jesús. Pero este nombre conlleva las siguientes verdades indispensables: el verdadero Jesús es Dios encarnado y nacido de la virgen: quien, cumpliendo perfectamente todos los mandamientos en lugar nuestro, y cargó en la cruz el castigo que merecemos por nuestro pecado. Por tanto: Puesto que el Jesucristo de los russelistas (mal llamados Testigos de Jehová) no es Dios, sino que es un ser creado por Dios, entonces no es el verdadero Cristo y, en consecuencia, no salva.
Puesto que él nos salvó gratuitamente y nos hace fuertes en él, en gratitud vamos a querer confesar, invocar y confiar en el bendito nombre del Hijo de Dios.

Oración:

Señor Jesucristo, confieso fe en ti, verdadero Dios, engendrado del Padre en la eternidad y también verdadero hombre, nacido de la virgen María; Que me has redimido a mí, criatura perdida y condenada; me has rescatado y librado de todos los pecados, de la muerte y del poder del diablo, no con oro ni con plata, sino con Tu santa y preciosa sangre y con tu inocente pasión y muerte. Que fuiste resucitado de entre los muertos. Ahora, vives y reina eternamente. Esto es ciertamente la verdad. Amén.

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