(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Reyes 17:24–18:12, Juan 11:50–57)

SALOMÓN ORA PIDIENDO SABIDURÍA

Yo te ruego que le des a tu siervo discernimiento para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo?
Al Señor le agradó que Salomón hubiera hecho esa petición

—1 Reyes 3:9–10

¿Alguna vez se ha sentido cohibido y empequeñecido frente a otros que parecen dominar la Biblia? Yo, sí; y muchas veces. Cuando comencé a leer la Biblia por primera vez no podía entenderla y muchos puntos de la doctrina me resultaban muy difíciles, tanto que más de una vez quise abandonar todo intento de conocer las enseñanzas bíblicas. ¿Qué podemos hacer frente a tal angustia?

«Dejar la teología para los teólogos» no es nuestra opción, pues cada cristiano está llamado a ser un teólogo, como está escrito: «Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado». (Juan 17:3). Un teólogo bíblico es alguien que invierte tiempo y esfuerzo en conocer a Dios a través de lo que la Biblia enseña. Pero este conocimiento no se adquiere tras unos años de estudio: tal como conocer a una persona nos lleva muchos años de relacionarnos con ella, conocer a Dios resulta de tener comunión diaria con su palabra revelada, la Biblia.

Confiar en nuestra propia capacidad de entendimiento no ayuda a entender la Biblia: «No seas sabio en tu propia opinión» (Proverbios 3:7). Reconocer que necesitamos ayuda divina para poder hacer buen uso de la Biblia nos lleva a orar como Salomón pidiendo sabiduría. La Biblia tiene esta promesa: «Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.» (RV1995) Dios quiere que busquemos la sabiduría bíblica y que no seamos insensatos: «La sabiduría es lo primero. ¡Adquiere sabiduría! Por sobre todas las cosas, adquiere discernimiento.» (Proverbios 4:7). Cristo dijo que conocer su enseñanza era lo único necesario (Lucas 10:42) No aprender la sabiduría de Cristo es un pecado por el que merecemos toda la ira de Dios. Gracias a los méritos de Cristo como sustituto nuestro hemos sido redimidos, perdonados y declarados justos; en gratitud vamos a querer conocer a Dios por medio de su palabra (Filipenses 3:7–10).

Oración:

Ven Espíritu Santo, llena con la Palabra los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor. Oh Dios, que impartes conocimiento y sabiduría a los corazones de tus fieles enviándoles la luz de tu Espíritu Santo en la Palabra: Haz que el mismo Espíritu nos conceda un juicio recto en todas las cosas y nos dé el gozo de su santo consuelo; por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, piedra viva y fundamental, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

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