(Lectura de la Biblia en tres años: Números 31:35–54, Marcos 14:3–11)

¿POR QUÉ NADIE PUEDE SABER EL DÍA DE SU RETORNO?

Por lo tanto, manténganse despiertos, porque no saben qué día vendrá su Señor. Pero entiendan esto: Si un dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se mantendría despierto para no dejarlo forzar la entrada. Por eso también ustedes deben estar preparados, porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen.

—Mateo 24:42–44

¿Cómo estamos esperando la venida del Señor? ¿Entusiasmados en calcular la fecha o en vivir con santidad?

Desde pequeños el misterio nos fascina. Esa curiosidad innata del ser humano le ha permitido descubrir muchas maravillas naturales y explotarlas para su beneficio (la energía eléctrica, las ondas de radio, etcétera). Sin embargo, la Palabra de Dios nos enseña que hay cosas que están vedadas para nosotros: «Lo secreto le pertenece al SEÑOR nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a nosotros y a nuestros hijos para siempre». (Deuteronomio 29:29a) Uno de estos secretos es el día de la segunda venida de Cristo, tal como el mismo lo advierte: «Pero en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.» (Mateo 24:36) ¿Por qué esta fecha tan importante no ha sido revelada?

Jesucristo mismo explica que para muchos ese día vendrá como ladrón en la noche, es decir, inesperadamente. El cristiano se entusiasma con la vida santificada, en gratitud al amor inmerecido de Dios. No es así con el falso creyente. Por eso necesita saber la fecha, para entonces recién actuar como santo. Todo aquel que procura una vida pura motivado por el temor no está preparado para ese día. Solamente quienes admiten que merecen la condenación eterna y que solo por los méritos de Cristo han sido salvados son los que están realmente preparados. Nadie merece el perdón. Cristo lo ganó para nosotros al obedecer perfectamente la voluntad de Dios durante toda su vida terrenal y al sufrir toda la ira de Dios en la cruz como nuestro sustituto. En gratitud vamos a querer «rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio, mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo». (Tito 2:12-13).

Oracion:

Señor, confieso que por mi propia razón o elección no puedo creer en Jesucristo, mi Señor, ni acercarme a él. Sino que el Espíritu Santo me ha llamado mediante el evangelio, me ha iluminado con sus dones, me ha santificado y guardado en la fe verdadera. De la misma manera llama, congrega, ilumina y santifica a toda la iglesia cristiana en la tierra, y en Jesucristo la conserva en la verdadera fe. Gracias te doy por ello, pues mi salvación no depende de mí sino de ti. Amén.

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