(Lectura de la Biblia en tres años: Levítico 22, Marcos 3:13–19)

NO PROFANEMOS EL NOMBRE DEL SEÑOR

Obedezcan mis mandamientos y pónganlos por obra. Yo soy el SEÑOR.
No profanen mi santo nombre sino reconózcanme como santo en medio de los israelitas. Yo soy el SEÑOR, que los santifica.

—Levítico 22:31–32

El Señor se reveló con distintos nombres: Jehová (el que era, es y será); todopoderoso (Shadday); Señor (Adonay); Altísimo (Elyon); Jesús (Salvador); Padre, Hijo y Espíritu Santo (Triuno, Trinidad). Cada nombre suyo es sagrado. Por lo tanto, Dios exige que santifiquemos su nombre y que no lo profanemos. ¿Cómo es santificado o profanado el nombre de Dios? (Isaías 42:8; Génesis 17:1; 18:3; Deuteronomio 32:8; Mateo 1:21; 28:19)

El nombre de Dios es toda expresión que Dios usa para referirse a sí mismo. Por ejemplo, Jesús manda a sus discípulos que bauticen «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». Sabemos que toda esa expresión es nombre de Dios porque Cristo dice «el nombre». No dice «los nombres». ¿Por qué Dios revela su nombre? Dios ha revelado su nombre para que, al ser usado por quienes claman con fe a él, él pueda bendecirlos y salvarlos. Él quiere que le invoquemos. Santificamos el nombre de Dios cuando lo empleamos para aquello para lo cual Él lo ha revelado: para invocarlo en toda necesidad, para adorarlo, alabarlo y darle gracias. Sin embargo cuando usamos el nombre de Dios para maldecir, jurar, hechizar, mentir o engañar, pecamos profanándolo.

Profanamos el nombre de Dios cuando decimos: «¡Dios mío!» o «¡Jesucristo!» al expresar sorpresa o preocupación. Enseñar la falsa doctrina es otra forma de profanar el nombre de Dios pues se lo hace apelando a él: «Dios es buenito, nunca castiga» o «Dios me dijo», cuando nos referimos a algo que no está revelado directamente en la Biblia, por ejemplo: «Dios me dijo que me compre un automóvil nuevo». Profanar el nombre de Dios es un pecado por el que merecemos toda la ira de Dios. Jesucristo santificó perfectamente el nombre de Dios por nosotros y padeció en lugar nuestro el castigo que merecemos. En gratitud vamos a querer santificar el nombre divino al temer y amar a Dios, de modo que no usemos su nombre para maldecir, jurar, hechizar, mentir o engañar, sino que lo invoquemos en todas las necesidades, lo adoremos, alabemos y le demos gracias.

Oración:

Señor, quiero arrodillarme ante Ti para darte gracias por tu amor y tu verdad, pues has puesto Tu nombre y Tu palabra por encima de todas las cosas. Cuando clamo invocando Tu nombre, me escuchas y respondes por los méritos de Jesucristo, tu Hijo que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén. (cf. Salmos 138:1–3)

www.cristopalabradevida.com/

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

Licencia Creative CommonsEsta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc. ™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.