DEJEN TODAS SUS PREOCUPACIONES A DIOS

Dejen todas sus preocupaciones a Dios, porque él se interesa por ustedes.
Sean prudentes y manténganse despiertos, porque su enemigo el diablo, como un león rugiente, anda buscando a quien devorar. Resístanle, firmes en la fe, sabiendo que en todas partes del mundo los hermanos de ustedes están sufriendo las mismas cosas.

—1 Pedro 5:7–9, DHH

¿Cuánto sufrimiento puede causar el diablo a la humanidad? El poder del diablo es muy limitado. Primero, porque solo puede hacer algo cuando Dios lo permite. Segundo, mucho del mal que logra es porque nosotros se lo permitimos ¿Cómo así?

Se cuenta que un árabe al salir de Beirut se encontró con la peste y él le preguntó hacia dónde iba ella. La peste le respondió que iba a Beirut para matar a quinientas personas. Al encontrarse de nuevo el árabe recriminó a la peste el haberle mentido: «Me dijiste que matarías quinientas personas pero murieron cinco mil». La peste respondió: «Solo maté quinientos, el resto murió de miedo».

Mucho del sufrimiento de las personas proviene más del miedo que de otra cosa. Satanás es experto en el uso del miedo. Por eso Pedro nos anima a llevar nuestras preocupaciones (eso incluye miedos) ante el Señor. Sin la ayuda del Señor no podemos lidiar por nosotros mismos con el temor. Pedro dice que el diablo actúa como un león rugiente. No es un león. El diablo ruge para causar temor. Podemos resistirlo permaneciendo firmes en la fe. Esto es posible al comprender dos cosas: 1) Nuestros padecimientos también lo sufren otros creyentes en otros lugares, es parte de ser cristiano (2 Timoteo 3:12). 2) Cristo conoce nuestra condición y siendo «nuestro Sumo Sacerdote puede compadecerse de nuestra debilidad, porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; solo que él jamás pecó.» (Hebreos 4:15, DHH). Él sabe lo que es el sentir miedo a sufrir. Y, puesto que el diablo usa ese miedo que sentimos para paralizarnos, el apóstol Pedro nos exhorta: «Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado» (1 Pedro 4:1, RV60). Sí, estar dispuestos a padecer es un arma para vencer al diablo. Al ver que tenemos esa disposición ya no puede infundirnos ningún temor.

Oración:
Grandes cosas has hecho Jehová para mí, me alegraré. Hasta ahora el Señor me ha ayudado. ¡Qué excelente es tu misericordia! Dios mío, has extendido tus alas sobre mí, me has guardado en salud y me has bendecido. Por tanto, bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Amén.

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