(Lectura de la Biblia en tres años: Números 32:1–18, Marcos 14:12–25)

¿CÓMO ENFRENTAR EL PELIGRO Y SALIR AIROSO?

El SEÑOR es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite!

Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.

—Salmo 18:2

¿Qué pensaría usted de un bombero que para combatir un feroz incendio lo enfrente armado solo con una taza de agua? Yo dudaría seriamente que el tal sea bombero e incluso de que este en su sano juicio. Para afrontar con sensatez el desafío del peligro es importante contar con el equipo necesario que permita la mejor oportunidad de salir airosos. (Lucas 14:31,32).

La Biblia nos advierte que estamos viviendo tiempos peligrosos en los que habrá tanta maldad que el amor de muchos se enfriará (2 Timoteo 3:1; Mateo 24:12). ¿Qué seguridad podemos esperar ante tal situación? No solo el entorno humano puede tornarse peligroso para el creyente. También hay ejércitos espirituales que procuran nuestro mal. ¿Cómo protegernos?

El rey David escribió las palabras del texto de la meditación de hoy. Lo hizo en su madurez, después que se hubo establecido en su reino, pero antes de cometer su adulterio con Betsabé (cf. 2 Samuel 22). Para entonces ya había enfrentado, y ganado, muchas batallas en las que experimentó de cerca que la protección ilimitada e incondicional de Dios hacia su pueblo. Él la describe con cinco símbolos militares: Jehová Dios es: 1. Roca que no podrá ser movida por nadie que quiera dañarnos. 2. Peñasco, que como un castillo o una fortaleza es un lugar seguro donde el enemigo no nos puede alcanzar. 3. Escudo que se interpone entre nosotros y el peligro. (4) Poder (literalmente, cuerno) de salvación. 5. Alto refugio, por encima de los enemigos. Con plena convicción podemos decir: «¡El Señor es todo lo que necesito en la presente situación de peligro!» Como Pablo lo dice: «Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.» (Romanos 8:38-39)

Oración:

Señor, gracias por salvarme por tus méritos y también por otorgarme la fe mediante tu evangelio: Mi fe descansa en Ti, Cordero que por mí fuiste a la cruz: Escucha mi oración, dame tu bendición, llene mi corazón tu santa luz. Tu gracia en mi alma pon, y guarde el corazón tu sumo amor. Tu sangre carmesí diste en la cruz por mí, ¡Que viva para Ti, oh Salvador! A ruda lid iré y pruebas hallaré; Mi Guía sé: Líbrame de ansiedad, guárdame en santidad, y por la eternidad te alabaré. Amén.

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