No se emborrachen con vino, lo cual lleva al desenfreno; más bien, llénense del Espíritu.

—Efesios 5:18

La embriaguez es una felicidad falsa.

Si preguntamos a las personas que se embriagan, porque lo hacen, las respuestas serán diversas, unos por problemas familiares, otros por problemas de amor. Todavía, otros dirán, es que cuando me emborracho que se me olvidan a todos los problemas que tengo y de esta forma me siento feliz. Todos tendrán una excusa para justificar sus borracheras.
Pero lo cierto es, no importa la cantidad de alcohol que bebamos, siempre que pase el efecto de este, el problema estará ahí, y en muchas veces peor, pues, aparte a los que ya teníamos, por culpa de esa borrachera, le habremos agregado más problemas y dificultades.
No debemos abusar del alcohol para darnos un ánimo falso, o un optimismo temporal causado por lo espirituoso de la bebida que los conduzca a todo tipo de cosas malas.
Entonces el buscar o recurrir al alcohol para buscar felicidad o resolver nuestros problemas siempre será un fracaso y terminaremos más mal de lo que estábamos cuando comenzamos a beber. No se puede negar que el alcohol es el causante de muchos de los problemas, tanto en nuestra familia como en nuestra sociedad.
Dios nos dice que en vez de eso, seamos llenos del Espíritu Santo para que los guíe a una actividad saludable que les traiga un beneficio duradero a ustedes y a los demás.
Cuando, en nuestra vida, somos guiados por Dios, el alcohol no será nuestra salida a nuestros problemas, sino que aprenderemos a mirar al Único que nos puede dar la sabiduría para llevar las aflicciones de este mundo.
Leímos en Juan 16:33,  Estas cosas les he hablado para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo.
Podemos tener la confianza que si nuestros problemas no son solucionados, tampoco serán peores, y seguiremos confiando y orando a Dios para que nos de la sabiduría para afrontarlos, no llenos de alcohol sino llenos del Espíritu Santo. Recuerden la promesa de Dios en Romanos 8:32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

Oración:

Dios todopoderoso, te pido que de hoy en adelante me enseñes a buscar la solución a mis problemas, no en el alcohol sino en Ti, y perdóname todas las veces que busque esas falsas soluciones. Amén.

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