(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Samuel 10, Lucas 17:29–31)

ORACIÓN MATUTINA

Por la mañana, SEÑOR, escuchas mi clamor;
por la mañana te presento mis ruegos,
y quedo a la espera de tu respuesta.

—Salmos 5:3

Por lo general acudimos al Señor en oración cuando ya no podemos con nuestros problemas o cuando queremos algo que no está tan a nuestro alcance el lograrlo. Pero el Señor quiere que nuestra oración no sea solo peticiones sino principalmente adoración diaria ¿Cómo podemos ayudar a que así sea?

Puesto que Dios nos ha llamado a ser su pueblo de sacerdotes, quiere que nuestra vida sea de oración y acciones de gracias. Que cada día le invoquemos en oración por su bendición, auxilio, asistencia y gracia; y cuando hemos obtenido lo que hemos pedido, de corazón elevemos acciones de gracias.

Por tanto, al despertar y levantarnos en la mañana, vamos a querer considerar: 1) que muchos buenos cristianos, probablemente más piadosos que nosotros, han pasado la noche en angustia y tristeza, en dolor y enfermedad, en terror y gran inquietud, mientras que a nosotros el Señor no dejó que pasemos ninguna de estas cosas. 2) que otros durante la noche han sufrido desgracia, daño, peligro y tribulación, y a nosotros no nos faltó nada. Demos gracias a Dios por su protección. 3) que necesitamos, al comenzar la mañana, que el Señor nos guarde en su gracia durante el día, para que no caigamos en ningún pecado contra él o contra el prójimo. 4) También necesitamos a Dios a nuestro lado durante el día, para guardarnos y bendecirnos en nuestras labores diarias con las que servimos al bien de los demás y ocupamos nuestras mentes y manos. 5) necesitamos continua comunión con el Señor mientras realizamos nuestras actividades orando a él en nuestros pensamientos con la convicción de que seremos escuchados gracias a los méritos de Jesucristo quien, como sustituto nuestro, cumplió perfectamente la voluntad de Dios y llevó en la cruz nuestros pecados.

Oración:

Señor, temprano de mañana vengo a ti para escucharte y adorarte pues Tú eres digno de recibir alabanza, gloria y honra. Te agradezco humildemente que durante la noche me hayas guardado de todo mal y peligro. Concédeme que no sea un oidor olvidadizo, sino que me convierta en un hacedor de tu palabra. Abre mi corazón para que reciba con gozo la semilla de tu palabra y sella mi corazón para que Satanás no robe esa semilla sino que ella sea un firme fundamento para mi fe cristiana, para el conocimiento de Jesucristo y produzca buenos frutos. Guárdame contra las tentaciones. Sé tú mismo, Jesús, mi Maestro, para que crezca el hombre interior; mora en mí por la fe hasta que sea inseparablemente unido contigo arriba. Amén.

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