(Lectura de la Biblia en tres años: Levítico 23:18–44, Marcos 3:31–35)

¿QUIÉN PUEDE SER DICHOSO?

Dichosos los que van por caminos perfectos, los que andan conforme a la ley del SEÑOR.
Dichosos los que guardan sus estatutos y de todo corazón lo buscan.
Jamás hacen nada malo, sino que siguen los caminos de Dios.

—Salmo 119:1–3

¿Ha buscado ser feliz? Muchos tienen como meta para sus vidas el encontrar la felicidad, y comienzan a buscarla desde muy jóvenes. La Biblia dice que quienes viven conforme a la Palabra de Dios son verdaderamente felices (Lucas 11:28).

En el texto de hoy, el salmista afirma que son dichosos los que «jamás hacen nada malo». Pero, la misma Biblia dice que: « no hay nadie en la tierra tan perfecto que haga siempre el bien y nunca peque» (Eclesiastés 7:20, DHH). ¿Significa esto que nadie conoce la felicidad? No. Pero estas verdades de la Biblia nos ayudan a entender por qué no todos son felices. Es imposible ser feliz cuando no conseguimos resolver nuestros problemas y nuestras relaciones (espirituales con Dios, emocionales con nosotros mismos, y afectivas, con los demás) están deterioradas. La angustia (estrés) que resulta, nos afecta física y emocionalmente de manera negativa.

Sin embargo, si encontraríamos la forma de poner un alto a todo lo que obstaculiza que conozcamos la felicidad, ésta solo nos duraría unos pocos años, hasta nuestra muerte. Por esto es importante conocer la felicidad eterna. Pero, por causa de nuestra imperfección, estamos destituidos de ella (Mateo 5:48). No somos dignos de la dicha eterna. Somos merecedores del sufrimiento eterno. Dios quiere que seamos dichosos por la eternidad. Por esto acepta a Cristo como sustituto nuestro para que su obediencia perfecta y su sacrificio en la cruz nos sean atribuidos a nuestro favor gratuitamente. Cristo ganó nuestra felicidad y sufrió nuestro castigo. Por tanto, Dios nos declara justos, reconciliados y en paz con Él. Cristo hizo todo lo necesario para asegurarnos el perdón y la dicha eterna al estar reconciliados con Dios. Por medio del evangelio nos otorga la fe para creer la buena noticia llenándonos de convicción gozosa. En gratitud, por habernos perdonado cuando no lo merecíamos y regalado gozo, vamos a querer compartir esa felicidad y estar en paz con nosotros mismos y con nuestro prójimo.

Oración:
Misericordioso Señor, aunque merezco toda tu ira y la condenación eterna en el juicio final, gracias a los méritos de Jesucristo he sido perdonado y declarado justo. En gratitud quiero estar en paz conmigo mismo y con mi prójimo. Concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no ha de cambiar, fortaleza para cambiar lo que puedo y quieres que sea cambiado y sabiduría para entender la diferencia. Amén.

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