HOSANNA A NUESTRO SALVADOR

¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! Mateo 21:9

¿No se pregunta usted cuáles serían los pensamientos de Jesús al participar en ese desfile del Domingo de Ramos? Él no tenía falsos sueños respecto a dónde lo estaba llevando ese desfile. Todo el ondeo de las palmas y los gritos de hosanna no lo llenaron a él de ilusiones o grandeza. Antes, en el camino al desfile, él les había dicho a sus discípulos exactamente lo que le sucedería. No que recibiría las llaves de la ciudad, sino una cruz fuera de ella. Y esa cruz abriría las puertas a la Jerusalén celestial. Con su corona de espinas y su trono de dolor, él pagaría el pecado del mundo. De este Rey Salvador vendría la victoria que el mundo nunca había visto y siempre necesitará.

Gracias a Dios que me ha enseñado el propósito de ese desfile del Domingo de Ramos. Por causa de su gracia, puedo levantar mi corazón manchado de pecado al Rey celestial y sollozar con el cobrador de impuestos: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!” (Lucas 18:13). Puedo levantar mi titubeante fe y clamar con el noble: “¡Sí creo! ¡Ayúdame en mi poca fe!” (Marcos 9:24). Finalmente, puedo levantar mi corazón moribundo a él y exclamar con David: “No temo peligro alguno, porque tú estás a mi lado” (Salmo 23:4).

Entre más conozco de este Rey, Aquel que vino a morir por mis pecados y a preparar mi vida eterna en los cielos, más gritaré mis hosannas a él: hoy, mañana, y por la eternidad.

Oración:

Señor, muéstrame la victoria de tu cruz sobre el pecado, para que yo grite hosanna todos los días de mi vida. Amén.