(Lectura de la Biblia en tres años: Génesis 48, Mateo 15:1–5)

HAY GOZO DELANTE DE JEHOVÁ

Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.
Servid a Jehová con alegría;
venid ante su presencia con regocijo.

—Salmo 100:1 RV95

¿Despertó hoy alegre? Muchas veces acontecen eventos en nuestra vida que pueden quitarnos la sonrisa del rostro. No es fácil mantener el optimismo. Sin embargo el domingo (día dedicado al culto divino en la mayoría de las iglesias) debería ser un día de fiesta y de alegría. ¿Por qué?

Hay muchos excelentes motivos para que la alegría llene nuestro corazón. Primero que nada, como hijos de Adán hemos heredado el pecado original y en consecuencia nacemos pecadores. Además cometemos nuestros propios pecados, y por todo eso merecemos sufrir toda la ira de Dios en el infierno por la eternidad. Pero en lugar de eso, Dios nos ha dado nuestra vida actual como un tiempo de gracia, que sirva de oportunidad a fin de que podamos conocer lo que hizo a favor de nosotros para que no seamos condenados por toda la eternidad. Este tiempo de gracia, muestra de su gran bondad, es como un viaje con todos los gastos pagados pues el «Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos.». Aún para los que no quieren conocerle «no ha dejado de dar testimonio de sí mismo haciendo el bien, dándoles lluvias del cielo y estaciones fructíferas, proporcionándoles comida y alegría de corazón.» (Mateo 5:45; Hechos 14:17)

El mayor motivo de gozo y regocijo es el saber que no hemos recibido el castigo que merecemos sino, por el contrario, el galardón que no merecemos: la bienaventuranza eterna en los cielos gracias a la sustitución obrada por Jesucristo a favor nuestro: Él obedeció a Dios perfectamente, en lugar de nosotros, y por nosotros sufrió toda la ira de Dios a fin de que esos méritos nos sean atribuidos gratuitamente. Sí, tenemos muy buenos motivos para regocijarnos. En gratitud a la misericordia y bondad del Señor vamos a querer celebrar la salvación.

Oración:

Señor, gracias te doy porque siendo un miserable pecador hijo del Adán caído soy merecedor de todos los males. Pero, en tu gracia, has hecho de mí un heredero de la gloria eterna por los méritos de tu Hijo Jesucristo. Pero en ocasiones suceden cosas que desde mi perspectiva son para mi mal y me es difícil reconocer que todo lo dispones para nuestro bien y no me regocijo. Abre los ojos de mi entendimiento para que pueda ver tu mano bondadosa en mi vida creyendo lo que tu palabra me asegura. Amén.

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