(Lectura de la Biblia en tres años: Levítico 4, Mateo 26:47–50)

LA OMNISCIENCIA DE DIOS EN NUESTRAS VIDAS

SEÑOR, tú me examinas, tú me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento.

— Salmo 139:1–2

«Conócete a ti mismo» era una prioridad griega. Pero no es fácil conocernos nosotros mismos. Joseph Luft y Harry Ingham diseñaron un método conocido como la «ventana de Johari» para ayudar al propósito de llegar a conocernos. Sin embargo, siempre queda un área que escapa de tal conocimiento. Hay algo nuestro que no lo conocemos nosotros mismos ni los demás que nos rodean. Pero Dios sí nos conoce plenamente. El Señor conoce cada uno de nuestros pensamientos, sabe todo acerca de nuestros sentimientos y actitudes y no ignora ninguno de nuestros actos. Inclusive sabe lo qué diremos, pensaremos, sentiremos y lo que haremos en el futuro. Tal conocimiento es incomprensible para nosotros debido a que estamos limitados por el tiempo y espacio.

El conocimiento pleno que Dios posee de cada ser humano es una amenaza para los pecadores impenitentes (no arrepentidos). El ser conscientes de estar delante de alguien que conoce bien todos nuestros secretos realmente es muy incómodo. Escrito está: «Ninguna cosa creada escapa a la vista de Dios. Todo está al descubierto, expuesto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.» (Hebreos 4:13). Adán y Eva después de haber pecado quisieron ocultarse de Dios, al sentirse desnudos, así también los impenitentes buscarán esconderse: «Todos gritaban a las montañas y a las peñas: «¡Caigan sobre nosotros y escóndannos de la mirada del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero, porque ha llegado el gran día del castigo! ¿Quién podrá mantenerse en pie?» (Apocalipsis 6:16–17). Sin embargo, nada está oculto a la mirada de Dios (Proverbios 15:11).

Pero para los que, gracias a los méritos de Jesucristo, están en paz con Dios pues tiene el perdón de los pecados, el conocimiento pleno que Dios posee de ellos es un consuelo. Él conoce cuáles son nuestras debilidades y nuestros problemas. Por tanto, sabe cómo ayudarnos eficaz y efectivamente. La omnisciencia de Dios puede ser una amenaza o un consuelo en la vida de una persona. La diferencia la hace el papel de Cristo en nuestra vida. ¿Somos pecadores impenitentes que deben escapar de un juez terrible, o somos pecadores arrepentidos por el poder del evangelio?

Oración:

Señor, gracias te doy porque siendo un miserable pecador, hijo del Adán caído, soy merecedor de todos los males. Pero, en tu gracia y por los méritos de tu Hijo, has hecho de mí un heredero de la gloria eterna. Amén. 

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Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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