HOSANNA CON NUESTROS LABIOS Y VIDAS

Llevaron la burra y el burrito, y pusieron encima sus mantos, sobre los cuales se sentó Jesús. Había mucha gente que tendía sus mantos sobre el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las esparcían en el camino. Mateo 21:7,8

Ellos alabaron a Jesús con su labios y manos ese primer Domingo de Ramos. Los discípulos lo hicieron siguiendo las instrucciones de Jesús y ensillando el burrito. La gente lo hizo tendiendo un tapete rojo con sus propios mantos y ramas de palma. Ellos lo alabaron ansiosamente, aunque solo unos pocos sabían bien las razones correctas por qué.

Nosotros sí. Lo alabamos porque él es nuestro Salvador y nuestro Rey. Él bajó a nuestra tierra para subirnos a su cielo. Él vino para tomar nuestros pecados y darnos su santidad. Él fue a la cruz de dolor para que nosotros podamos tener su corona de gloria. ¡Qué bellas razones tenemos para alabar a nuestro Rey!

En Inglaterra, en la base de una estatua de Jesús con los brazos extendidos estaban las palabras: “Vengan a mí.” Después de la guerra, fue contratado un artista para restaurar la estatua destrozada por las bombas alemanas. Pero él no pudo encontrar las manos de Jesús. Entonces él dejó la estatua sin ellas y cambió las palabras que estaban escritas en la base a: “Cristo no tiene manos, tiene las nuestras.”

Yo no puedo ondear ramas de palma o tender una capa en su camino. Pero puedo alabar a mi Rey. Pablo lo dijo de esta manera: “Todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él” (Colosenses 3:17).

Oración:

Dios, ayúdame a vivir mis hosannas. Amén.