(Lectura de la Biblia en tres años: Éxodo 23:1–19, Mateo 22:7–14)

FIESTAS SOLEMNES

Tres veces al año harás fiesta en mi honor.
La fiesta de los Panes sin levadura la celebrarás en el mes de aviv, que es la fecha establecida. Fue en ese mes cuando ustedes salieron de Egipto. De acuerdo con mis instrucciones, siete días comerán pan sin levadura.

—Éxodo 23:14-15

¿Le gustan las fiestas? Al Señor sí le gustan las fiestas celebradas en su honor. Pero no todas las fiestas que dicen estar dedicadas a él le son de su agrado. Por ejemplo, en el desierto los hijos de Israel fabricaron ídolo en forma de becerro y proclamaron: «¡Mañana será un día de fiesta dedicado a Jehová!» (Éxodo 32:5). Esa fiesta en lugar de agradar a Dios le ofendió.

En el Antiguo Pacto, Dios mandó a su pueblo que celebre fiesta en su honor tres veces al año: la fiesta de la pascua, la fiesta de las semanas y la fiesta de la cosecha. Además, cada semana debían santificar un día de reposo. ¿Cuál era el propósito del Señor con esas celebraciones? La voluntad del Señor es que su pueblo tema (en el sentido de creer) y ame a Dios, de modo que no desprecie su palabra ni la prédica de ella; sino que la considere santa, la oiga y aprenda de buena voluntad. Estas festividades eran tiempos de reposo para el alma y solo el evangelio puede dar reposo al alma. Además, en estas festividades, el pueblo de Dios entraba en comunión con los otros miembros compartiendo sus alimentos y participando en actividades espirituales. Aunque la iglesia del nuevo pacto no tiene mandato del Señor de celebrar fiestas anuales, sí tiene la orden de santificar un tiempo semanal y diario para apreciar la palabra de Dios. Como está escrito: «Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón. Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.» (Colosenses 3:16-17). Puesto que no lo hicimos perfectamente, como Dios lo demanda, somos merecedores de toda su ira. Pero fuimos salvos de esa condenación gracias a Jesucristo quien obedeció perfectamente y murió en la cruz en lugar nuestro. En gratitud vamos a querer considerar que «Cristo, nuestro Cordero pascual, ya ha sido sacrificado. Así que celebremos nuestra Pascua no con la vieja levadura, que es la malicia y la perversidad, sino con pan sin levadura, que es la sinceridad y la verdad.» (1 Corintios 5:7-8).

Oración:

Señor, ni una de tus bendiciones he merecido. Sin embargo, en atención a los méritos de tu Hijo, mi doble sustituto, me sacaste del reino de perdición y me hiciste parte de tu familia. No puedo menos que celebrar tu gran amor en las oportunidades que se presenten. Concédeme celebrar a Cristo con gozo. Amén.

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