(Lectura de la Biblia en tres años: Génesis 49:1–27, Mateo 15:6–13)

JESÚS CONDENA LA FALSA DOCTRINA

¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de vosotros diciendo: Este pueblo me honra de labios, pero su corazón está lejos de mí. Y en vano me rinden culto, enseñando como doctrina los mandamientos de hombres.

—Mateo 15:7–9, Reina Valera Actualizada

En el entorno de las diversas iglesias ha surgido un rechazo hacia la palabra doctrina. Existe la idea de que la doctrina divide y que por eso no debe ser mencionada, ni aprendida. ¿Qué es la doctrina? ¿La doctrina realmente es la que causa divisiones en la iglesia?

La iglesia ha usado la palabra doctrina para referirse al conjunto de enseñanzas que Jesucristo ha encomendado a la iglesia para que enseñe a todo el mundo. La iglesia tiene la misión de enseñar la doctrina completa. Jesucristo mandó a su iglesia hacer discípulos en todas las naciones «enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado» (Mateo 28:20). El apóstol Pablo da testimonio que él trabajó para hacer precisamente eso cuando dice: «porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios» (Hechos 20:27, RV60). Cristo quiere que no omitamos nada de su doctrina. También está en contra del añadir o cambiar la doctrina. Por esto reprende a los líderes del judaísmo pues ellos han enseñado sus propios inventos como si fuera la doctrina de Dios. ¿Cómo saber si una enseñanza es o no es doctrina de Dios?

La doctrina de Dios es presentada con pasajes claros de la Biblia. Por ejemplo, los diez mandamientos se presentan claramente en Éxodo 20 y Deuteronomio 5. Pero otros pasajes ayudan a tener una compresión más precisa de lo que significan esos mandamientos. Es Dios quien manda enseñar su doctrina sin añadirle ni quitarle o cambiarle nada. También manda que nos separemos de quienes enseñan doctrina diferente a la de Cristo: «Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.» (Romanos 16:17, RV60). No apartarnos de los que siguen la falsa doctrina con persistencia es un pecado contra la voluntad de Dios por el que merecemos toda su ira. Jesucristo nos salvó de la condenación siendo celoso de la doctrina en lugar de nosotros y en la cruz sufrió el castigo que merecemos por este pecado. En gratitud vamos a querer ser celosos de la doctrina y apartarnos de quienes la falsifican.

Oración:

Señor, mediante el poder de tu evangelio guárdame en la verdadera fe para la vida eterna. Amén.

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