(Lectura de la Biblia en tres años: Génesis 49:28–50:14, Mateo 15:14–20)

EL FUEGO DE LA PRUEBA

¡Levántate, espada, contra el pastor y contra el hombre que me acompaña!, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor y serán dispersadas las ovejas

—Zacarías 13:7

¿Está atravesando momentos de prueba? La Biblia enseña que las pruebas tienen su lugar en la vida cristiana. El apóstol Pedro escribió: «Queridos hermanos, no se extrañen del fuego de la prueba que están soportando, como si fuera algo insólito. Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también sea inmensa su alegría cuando se revele la gloria de Cristo.» (1 Pedro 4:12-13). Cuando escribió esto él sabía de qué estaba hablando pues había experimentado el atravesar la prueba en el momento decisivo. El texto que hoy meditamos tiene que ver con la experiencia de Pedro.

Jesucristo citó el texto de nuestra meditación poco antes de su arresto. Lo hizo para enseñar a sus discípulos que ellos tendrían que atravesar una prueba:
«—Todos ustedes me abandonarán —les dijo Jesús—, porque está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas.” Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea. —Aunque todos te abandonen, yo no —declaró Pedro. —Te aseguro —le contestó Jesús— que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante por segunda vez, me negarás tres veces. —Aunque tenga que morir contigo —insistió Pedro con vehemencia—, jamás te negaré. Y los demás dijeron lo mismo.» (Marcos 14:27-31). Pedro confiaba en sí mismo y en su propia capacidad de obrar bien para agradar a Dios y vencer la tentación. Fue probado y aprendió que nada bueno podía hacer por su propia capacidad excepto pecar. Sin embargo no perdió la fe pues Jesús había intercedido por él pidiendo que no le falte fe. Según la profecía de Zacarías, después de la prueba el pueblo de Dios saldría fortalecido: «A esa parte restante la pasaré por el fuego; la refinaré como se refina la plata, la probaré como se prueba el oro. Entonces ellos me invocarán y yo les responderé. Yo diré: “Ellos son mi pueblo”, y ellos dirán: “El Señor es nuestro Dios.” (Zacarías 13:9). La fe de ellos pasó la prueba y lo hizo porque esa fe no era el resultado de su esfuerzo personal por creer, sino que era un don que Dios les impartió por el poder del evangelio: «En todo caso, la fe se despierta por la proclamación del mensaje, y el mensaje proclamado es Cristo.» (Romanos 10:17, Nuevo Testamento Arcas – Fernández). El evangelio es Cristo presentado como nuestro sustituto. Solo el evangelio puro crea la fe a prueba de fuego. Ese evangelio nos dice que tenemos perdón de pecados gratuitamente gracias a la sustitución que Cristo obró por nosotros. En gratitud vamos a querer escuchar el evangelio para crecer y ser fortalecidos en la fe.

Oración:

Señor, te doy gracias porque por los méritos de tu Hijo Jesucristo tengo libre entrada a tu presencia, vida eterna y fe salvadora. Te suplico que por tu evangelio en los medios de gracia me afirmes en la verdadera fe para la vida eterna. Amén.

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