Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo, «¿Dónde andas?» 10 Y él respondió: «Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, pues estoy desnudo. Por eso me escondí.» 11 Dios le dijo: «¿Y quién te dijo que estás desnudo? ¿Acaso has comido del árbol del que yo te ordené que no comieras?» 12 Y el hombre respondió: «La mujer que me diste por compañera fue quien me dio del árbol, y yo comí.» 13 Entonces Dios el Señor le dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?» Y la mujer dijo: «La serpiente me engañó, y yo comí.»

—Génesis. 3:9 -13

Dios nos anima a no esconder nuestro pecado.

Desde la caída de Adán y Eva en pecado, la actitud de las personas es la misma de ellos, de encubrir nuestro pecado o no admitirlo. Adán y Eva quisieron buscar su propia excusa por haber pecado, pero su fin fue nefasto. Dios los expulsó del huerto donde vivían en su presencia. Aún peor, ese pecado infectó a toda la humanidad.
Romanos. 3:23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
Hoy en día, la humanidad sigue buscando excusarse de su pecado, culpando a los demás. Es normal escuchar personas decir, ‘si el no me hubiera tentado y provocado, yo no lo hubiera hecho.’
Pero no importa la excusa que pretendamos dar a Dios. Nunca seremos libres de la culpa de nuestro pecado. Entonces, ¿hay una solución para nuestro pecado? Gracias a los méritos de Cristo, la respuesta es, sí, la hay.
1 de Juan. 1:9 nos dice, Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.  El negar nuestra culpa del pecado sólo empeorará las cosas. Los que nieguen su pecado quedarán separados de Dios por toda la eternidad en el infierno. En 1 de Juan 1:8 y 10 leímos, Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros…Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
Dios nos anima a reconocer nuestro pecado para que nos pueda dar el perdón que nos otorga por medio de Jesucristo. Escuchen el consuelo de Isaías. 1:18 Vengan ahora, y pongamos las cosas en claro. Si sus pecados son como la grana, se pondrán blancos como la nieve. Si son rojos como el carmesí, se pondrán blancos como la lana.

Oración:

Dios todopoderoso, enséñame a siempre reconocer mis pecados delante de ti y confiar en tu perdón. Amén.

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