(Lectura de la Biblia en tres años: Éxodo 24:1–25:9, Mateo 22:18–22)

A CÉSAR LO QUE ES DE CÉSAR, Y A DIOS LO QUE ES DE DIOS

Jesús les preguntó:
—¿De quién es la imagen que está en la moneda? ¿De quién es el nombre que tiene escrito?
Ellos contestaron:
—Del emperador romano.
Jesús les dijo:
—Pues denle al emperador lo que es del emperador, y a Dios lo que es de Dios.

— Mateo 22:20, 21

¿Le hicieron alguna vez una pregunta que lo puso entre la espada y la pared? Literalmente muchos cristianos se enfrentaron con preguntas así. A inicios de la era cristiana la pregunta era ¿Niegas a Cristo? Hace quinientos años atrás era ¿Renuncias a la Biblia? El texto de hoy narra la ocasión en la que Jesús responde una pregunta que más tarde será útil a sus enemigos para conseguir que muera.

En aquél tiempo los fariseos, fanática secta del nacionalismo judío, sostenían que no debían pagarse impuestos a Roma. Los herodianos estaban de parte de Roma y del rey Herodes que servía al imperio, por tanto, apoyaban y exigían el pago de los impuestos. Ambos grupos se odiaban mutuamente, pero se aliaron para colocar al Señor entre la espada y la pared. Apelando a que Jesús era un referente espiritual le preguntaron: «¿Está permitido pagar impuestos al césar o no?» Si el Señor decía que no debería pagarse impuestos, lo herodianos lo acusarían de rebelión. Pero, si decía que sí deben ser pagados sería tenido por antipatriota. Ese martes Jesús respondió que los impuestos a César deben ser pagados. El viernes, los fariseos lo acusaron de lo contrario (Lucas 23:2). Cuando Jesús pidió la moneda lo hizo para mostrar la diferencia entre lo que le debemos al gobierno y lo que le debemos a Dios. En la moneda aparecía, en latín, la inscripción «Tiberio César Augusto, hijo del divino Augusto» exigiendo adoración a Cesar. Jesús no estaba de acuerdo con esa inscripción y lo muestra al enseñar a dar a Dios lo que es de Dios. Estas palabras de Jesús fueron la base para que la primera generación de cristianos no ceda a ofrecer incienso para adoración del emperador, lo que con frecuencia los conducía al martirio. La respuesta de Jesús a los fariseos y a los herodianos lo llevó a la crucifixión. Pero él fue con firmeza pues así obraba nuestra salvación. En gratitud vamos a querer dar a Dios lo que es de Dios y a César lo que es de César.

Oración:

Señor, solo merezco la condenación eterna. Pero gracias a tu bondad y misericordia, quisiste enviar a tu Hijo como nuestro sustituto de tal manera que por sus meritos ahora somos declarados justos. En gratitud, te suplico me concedas, por el poder del evangelio en los medios de gracia, vivir santa y piadosamente mientras espero la segunda venida de Jesucristo. Amén. 

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