“Pero el hecho es que Cristo ha resucitado de entre los muertos” (1 Corintios 15:20)

NUESTRO REY REGRESÓ DE ENTRE LOS MUERTOS 

“¿Cómo podemos estar seguros de que hay vida después de la muerte? ¡Nadie ha regresado para decírnoslo!”

¿Alguna vez ha escuchado a alguien decir eso? La mayoría de nosotros probablemente lo ha escuchado. Por lo general, lo dicen las personas que no van a la iglesia. Tal vez nunca han oído realmente el evangelio de la Pascua. Si lo hubieran oído, sabrían que alguien regresó de entre los muertos y que él nos asegura la vida después de la muerte.

Algunos de los miembros en Corinto también tomaron esa actitud de incredulidad. Pablo les recordó que si es imposible para el ser humano resucitar de entre los muertos, entonces Jesucristo tampoco resucitó.

Lo que es peor, si Cristo no ha resucitado, entonces toda nuestra predicación cristiana es inútil y nuestra fe en Cristo también es inútil. Si la tumba de Jesús no está vacía, todo lo que creemos es un montón de mentiras. Un Salvador muerto no puede ayudarnos, no importa lo que alguien diga.

Si el cuerpo de Jesús todavía está cubierto de arena en un sepulcro olvidado de Judea, entonces no tenemos un Salvador y nuestros pecados todavía cuentan en nuestra contra. ¡En otras palabras, se nos engaña, se nos sentencia y nos condena sin la Pascua!

“Pero, el hecho es que Cristo ha resucitado de entre los muertos”. Regresó a demostrarnos que él es en realidad el Hijo de Dios, que nos ha perdonado completamente y tenemos paz con Dios, y que nosotros también resucitaremos de entre los muertos un día.

Así es, realmente un hombre murió. Los soldados romanos se aseguraron de eso cuando traspasaron el costado de Jesús. Y un hombre, nuestro Señor Jesucristo, regresó de entre los muertos. ¡Los apóstoles se aseguraron de que realmente era él! Estuvieron con él durante casi seis semanas después de que resucitó. Lo vieron, caminaron y hablaron con él, comieron y bebieron con él, y hasta lo tocaron. Sí, realmente resucitó de entre los muertos.

Al final de su vida, Napoleón dijo: “Alejandro, César, Carlomagno y yo mismo fundamos imperios, ¿pero sobre qué fundamos la creación de nuestro genio? Sobre la fuerza. Solo Jesucristo fundó su reino sobre el amor. Y a esta hora millones de hombres morirían por él”. Jesús es nuestro Rey. Es el Rey de amor. ¡Es el Rey de la vida eterna! ¡Aleluya!

Oración:

Al Salvador Jesús Con gozo dad loor; Al Rey de reyes aclamad, Altísimo Señor; Es digno solo Él De gloria sin igual, Pues con su sangre nos abrió Precioso manantial. Amén. (CC 82:2)

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