(Lectura de la Biblia en tres años: Marcos 1:1–20)

ORACIÓN DEL PROFETA HABACUC

Señor, he escuchado acerca de ti; siento un temor reverencial por todo lo que has hecho, Señor. Reaviva tus hechos; como hiciste en el pasado, dalos a conocer. Aunque estés lleno de ira, recuerda tu misericordia. Selah.

—Habacuc 3:2, La Biblia, La Palabra de Dios para Todos (PDT)

¿Teme usted a Dios? En el texto que meditamos hoy, Habacuc eleva a Dios una oración que compuso para ser cantada. ¿Oraciones cantadas? El pueblo de Israel acostumbraba no solo leer la Palabra de Dios, sino también cantarla. No era extraño que si a alguien le tocaba leer un pasaje de la Escritura en público, lo hiciera cantando. El texto de la Biblia Hebrea, desde el tiempo de los copistas masoretas, incluye notación musical que señala cómo cantar cada pasaje bíblico. En esta oración de Habacuc, él confiesa que siente un temor reverencial al Señor debido a que ha escuchado acerca de los hechos que Dios hizo en el pasado.

Los maravillosos hechos de Jehová eran conocidos por los niños y las generaciones jóvenes de israelitas debido un principio establecido por el patriarca Abraham y practicado por las familias piadosas de Israel. Según este principio los padres son los encargados de transmitir la palabra de Dios a sus hijos para que ellos crezcan y permanezcan en la fe (Génesis 18:19; Deuteronomio 6:6-9; 11:19). Pablo habla de esto mismo respecto a Timoteo quién creció formado en la fe por su madre y su abuela (2 Timoteo 1:5). Cuando se abandona este principio, la fe bíblica entra en peligro de desaparecer en el término de una sola generación. Si esta generación de padres no transmite el puro evangelio a esta generación de hijos, corremos el riesgo de que la generación de nietos no llegue a conocer la salvación. Pues, aunque la creación entera anuncie la gloria, el poder, la sabiduría y la justicia de Dios, solamente el evangelio nos revela su misericordia salvadora.

Dios demanda que sean los padres quienes conduzcan y eduquen en la fe a sus hijos. Con esto en mente, el Reformador Martín Lutero confeccionó el Catecismo Menor, un sencillo resumen de la fe cristiana «tal como un padre de familia debe transmitirla en forma sencilla a su familia». Pues Dios pedirá cuenta a los padres de la fe y vida espiritual de los hijos que crecieron bajo la autoridad familiar. No hemos cumplido esta voluntad de Dios perfectamente y por eso merecemos padecer toda ira del Señor. Jesucristo, como nuestro doble sustituto, ha cumplido perfectamente la obligación de velar por la salud espiritual de los niños y sufrió el castigo que nosotros merecemos. En gratitud vamos a querer predicar «el evangelio a toda criatura». (Marcos10:13; 16:15)

Oración:

Señor, te doy gracias porque, por los méritos de tu Hijo Jesús, me diste gratuitamente la salvación y ahora me das el privilegio de participar en la gran obra de llevar el evangelio a toda criatura, incluidos los niños.  Amén.

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