ESTÉN SIEMPRE VIGILANTES

Tengan cuidado, no sea que se les endurezca el corazón por el vicio, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida. De otra manera, aquel día caerá de improviso sobre ustedes, pues vendrá como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra. Estén siempre vigilantes, y oren para que puedan escapar de todo lo que está por suceder, y presentarse delante del Hijo del hombre.

—Lucas 21:34-36

El mes de diciembre pertenece a la estación de Adviento. Esta palabra de origen latino (Adventus) significa llegada. Nos recuerda que fieles creyentes esperaron por siglos la venida del Mesías, el Salvador del mundo; y que nosotros esperamos su segunda venida. Jesucristo dijo las palabras de la meditación de hoy, hablando respecto a esa segunda venida.

Jesús enseñó que su segunda venida será de improviso para muchas personas. Inclusive a muchos de los hoy se congregan regularmente en alguna iglesia la venida les tomará por sorpresa. ¿Por qué? Jesús mismo responde: «se les endureció el corazón» ¿Cómo puede suceder eso incluso a creyentes? El Señor es claro en su respuesta a tal interrogante: es posible cargar el corazón con el deseo persistente de consumir, o por la embriaguez y los afanes de la vida y, así descuidar la relación con Dios. La misma embriaguez es ya un síntoma de haber perdido la fe. Velar significa llevar a una vida de oración. Jesús, el vivo ejemplo de persona que se dedica a la oración, los exhorta a orar para que puedan escapar a la destrucción terrible que caerá sobre Jerusalén y para que finalmente puedan «presentarse delante del Hijo del hombre» como las personas que confiesan fielmente su nombre.

Orar es importante y necesario en la vida del creyente pero la sola oración no salva a nadie. Son los méritos de Cristo los que nos salvan y permiten que perseveremos en la fe, la cual es indispensable para estar en su presencia. Tanto los méritos de Cristo, como la fe nos son otorgadas por el evangelio en los medios de gracia.

Oración:

Señor, el mundo, el diablo y nuestra propia carne conspiran para endurecer nuestros corazones a fin de que perdamos la fe salvadora. Tú prometiste que por tus medios de gracia esa fe sería fortalecida. Concédenos la sabiduría y la destreza de hacer buen uso de ellos y así ser fortalecidos en la fe para la vida eterna. Amén

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