TEME A DIOS

Teme, pues, a Dios y cumple sus mandamientos, porque esto es todo para el hombre.

– Eclesiastés 12:13

El temor forma parte de nuestra vida. Tememos cuando hay un cataclismo y también cuando una enfermedad amenaza quitarnos la vida. Tememos cuando perdemos nuestros trabajos. El temor, muchas veces, nos paraliza cuando más necesitamos no estarlo. A pesar de todo ello, las más de las veces, el temor es bueno, pues nos pone alertas ante la adversidad y, al ser parte de nuestro instinto de conservación, nos impulsa a resguardarnos del peligro. El temor es una de las motivaciones que han movido al ser humano.

El escritor de Eclesiastés concluyó su discurso amonestándonos a temer a Dios, es decir, a reverenciarlo. Por otra parte, Jesucristo dijo: «No teman a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno» (Mateo 10:28). Estas palabras de Cristo son muy significativas. El temor no nos salva. Pero si el temor es por saber cuál es nuestra verdadera condición debido al pecado, entonces tal temor es una ayuda para tener una real y mejor perspectiva de la obra de Cristo. Ninguno de nosotros ha obedecido perfectamente la ley moral. Por eso, lo único que merecemos es el castigo eterno en el infierno. Esas son muy malas noticias. En tal circunstancia, aunque el temor es un elemento importante, sin Jesucristo solo puede llevarnos a la desesperación.

Pero gracias al Salvador, puedo oír buenas noticias: Jesucristo nació de la virgen María para estar sometido a la ley de Dios y obedecerla perfectamente en lugar mío. Además, sufrió en la cruz el castigo que mis pecados merecen. Él es mi doble sustituto. Por causa de sus méritos puedo descansar confiado que mis pecados han sido cancelados.

Agradecido por el incomparable favor de Dios quiero alabarle, como lo hizo María cuando exclamó: “Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:46-47).

Oración:

Señor Dios, por los méritos de tu Hijo Jesús y las buenas noticias de salvación en él, te quiero temer y reverenciar en gratitud. Amén.