“Uno de ellos, Caifás, que ese año era sumo sacerdote, les dijo: ‘Ustedes no saben nada, ni se dan cuenta de que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca’. Pero esto no lo dijo por cuenta propia sino que, como aquel año era el sumo sacerdote, profetizó que Jesús moriría por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en un solo pueblo a los hijos de Dios que estaban dispersos” (Juan 11:49-52).

¡CRISTO MORIRÁ PARA QUE TODOS PUEDAN VIVIR!

Cuando escuchamos o leemos que se han cometido asesinatos, sentimos dolor y rabia. Cuando se revelan los detalles de un homicidio premeditado, reaccionamos con repugnancia e indignación. Todos saben que el homicidio es malo y que los asesinos a sangre fría son malvados. Caifás, el sumo sacerdote de Israel, conspiró para matar a Jesús. Caifás era un hombre despiadado, desvergonzado y astuto. Como sumo sacerdote y líder del sanedrín judío, ocupaba un puesto de gran poder. Cuando tomó la iniciativa para tramar la muerte de Jesús, se burló de sus compañeros que eran miembros del consejo por su indecisión y les dijo: “Ustedes no saben nada. La solución para nuestro problema es simple: ¡Jesús debe morir!”. Apeló al patriotismo, diciendo que la muerte de Jesús salvaría a toda la nación de las represalias del gobierno dominante romano. Se ganó el apoyo del consejo para su plan.

Lo que Caifás y sus compinches estaban planeando era simple y llanamente asesinato. Muy malas noticias. Sin embargo, los cristianos llamamos a la crucifixión de Jesús el corazón del evangelio, es decir, buenas nuevas. Vemos alguna ironía sagrada en la escena que tenemos ante nosotros. Caifás significaba malas noticias para Jesús y sus seguidores. Pero Dios usó a Caifás para proclamar buenas noticias. Caifás era un villano; sin embargo, Dios lo obligó a profetizar. Caifás predijo que la nación se salvaría de Roma. Dios hizo que su predicción de salvación se hiciera realidad para todas las naciones, salvación del pecado y de la muerte eterna en el infierno. Caifás dijo: “¡Jesús debe morir para que otros vivan!”. Aunque no quiso decirlo, Caifás reveló el propósito de Dios en la muerte de Cristo.

Nosotros, por lo tanto, podemos mirar atrás a esa conspiración y agradecer a Dios por hacer su voluntad y servir sus propósitos. No hay contradicción en ello. Cristo vino a este mundo para morir la muerte en la que Caifás insistió. Cristo tuvo que morir para conquistar el pecado. Cristo tenía que morir para resucitar y asegurarnos la vida eterna. Su muerte y su resurrección van juntas como verdades gemelas.

Oración:

Querido Padre, ayúdanos a comprender y creer el verdadero significado de la muerte de Cristo para que podamos compartir los beneficios de su resurrección. Amén.

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