EL FIN PROFETIZADO DE UNA NACIÓN

Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones.

Como tú hiciste se hará contigo [Edom]; tu recompensa volverá sobre tu cabeza.

[…]

La casa de Jacob será fuego, la casa de José será llama y la casa de Esaú estopa; los quemarán y los consumirán: ni siquiera un resto quedará de la casa de Esaú, porque Jehová lo ha dicho».

—Abdías 1:15,18, Reina-Valera 1995

Edom es la nación conformada por los descendientes de Esaú, el gemelo de Jacob, quien se estableció en el territorio llamado «la tierra de Seir, campo de Edom» (Génesis 36:6-8; 32:3). Esta nación no solo había rechazado a Jehová, sino también había maltratado al pueblo del Pacto. Desde tiempos de Moisés los descendientes de Esaú actuaron en contra de Israel (Números 20:14-21; Éxodo 17:8-16 cf. Génesis 36:12,16). Cuando los ejércitos de Nabucodonosor conquistaron Judá, destruyeron Jerusalén y exilaron a sus habitantes, los edomitas se regocijaron y se unieron al saqueo (Salmo 137:7). Por eso Abdías, por mandato de Dios, anuncia a Edom que enfrentará su juicio: el «día de Jehová». (Amós 1:6,11-12; Joel 3:19; Isaías 34:5-8; Jeremías 49:7-22; Ezequiel 25:12-14)

La expresión «día de Jehová» y sus equivalentes «el día» y «en aquel día» han tenido diversos usos. Por ejemplo: para señalar al establecimiento de la iglesia (Isaías 2), a la derrota de Babilonia (Isaías 13), o a la destrucción por una plaga de langostas (Joel 2). También, en un sentido más estrecho, «día de Jehová» es el momento en que Dios interviene en la vida de las personas que están enfermas, o que están ante un desastre, o incluso ante la muerte. En todos los casos, esta expresión se refiere al momento en el que Dios lleva a cabo su voluntad, sea en juicio o en redención. Todos esos usos de «día de Jehová» señalan al gran y último «día de Jehová»: Ese día el Hijo de Dios vendrá en juicio final para sus enemigos incrédulos así como para la eterna salvación de sus fieles seguidores (Mateo 24 y 25 cf. 2 Pedro 3:10). Para Edom el juicio de Dios ya vino y esa nación no existe más. Pero cada vez que Dios levanta su mano en juicio sobre individuos y naciones en la época presente, nos da una advertencia urgente: viene el Juicio Final, ¿Estamos preparados? Cristo ya vino como nuestro Salvador. Él obedeció perfectamente la voluntad de Dios en lugar de nosotros y sufrió, en la cruz, el castigo que merecemos. Por sus méritos Dios nos ve santos y justos. En gratitud vamos a querer vivir santamente esperando el «día de Jehová».

Oración:

Señor, te doy gracias porque por los méritos de tu Hijo Jesús me diste gratuitamente la salvación y ahora me permites servirte en gratitud mientras espero el «día de Jehová». Amén. 

 

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