EL MÁS GRANDE TESORO DE LA VIDA: ¿CUÁL ES?

El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo. Cuando un hombre lo descubrió, lo volvió a esconder, y lleno de alegría fue y vendió todo lo que tenía y compró ese campo. Mateo 13:44

En la época de Jesús, la gente solo tenía los campos para esconder en ellos sus objetos de valor. En la oscuridad de la noche o cuando se aproximaba un enemigo, solían enterrar sus tesoros debajo de la tierra. Un tesoro podría permanecer ahí durante años, si le ocurría algo al propietario; y luego, un día, un agricultor que está trabajando en ese campo siente un tirón en el arado, y el tesoro queda al descubierto. ¡Qué hallazgo! Ahí está, es suyo, y ahora es rico.

¿De qué tesoro habla Jesús en su parábola? Habla de él mismo: él representa los rubíes del perdón de todos mis pecados, rubíes enrojecidos por su sangre. Él representa las piezas de oro de su paz para mi alma, restaurada en su relación con mi Hacedor. Él representa los diamantes de la vida eterna, que brillan en el cielo para mí. Cristo y todo lo que él es, todo lo que ofrece, todo lo que tiene, son los tesoros que quiere que yo tenga.

Hace unos años, más de un millón de personas acudieron al Museo de Ciencia e Industria de Chicago para ver una exhibición de objetos procedentes del Titanic. Gran parte del interés de esas personas se centraba en el estilo de vida que representaba ese buque. Los expertos nos dicen que once millonarios con una riqueza total cercana a los doscientos millones, se hundieron con esa nave. ¿Qué piensa usted que hubieran dicho esos once, ese día, sobre el tesoro más grande de la vida?

¿Y qué digo yo? Felizmente, Jesús es el Tesoro supremo, Jesús, solo Jesús.

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Oración:

Señor Dios, te pido que me concedas siempre apreciar a Jesús como el supremo Tesoro que él es. Amén.