“Ustedes creen en Dios; crean también en mí” (Juan 14:1).

LA GRACIA DE DIOS CREA CONFIANZA

En la adaptación de Walt Disney de El libro de la selva de Rudyard Kipling, uno de los personajes, una serpiente, trata de producir una sensación de confianza en el personaje principal, un niño, al cantar repetidamente con una voz relajante: “Confía en mí”. Si la canción tranquilizadora de la serpiente no hubiera sido interrumpida, el niño hubiera sido el plato fuerte de la próxima comida de la serpiente.

¿Acaso no pasa lo mismo con mucho de lo que se nos presenta como digno de confianza hoy en día? Esa serpiente antigua en la hierba por cierto se ha aplicado a médicos, abogados, vendedores de carros, agentes de seguros, sí, e incluso a pastores. Lamentablemente, con razón algunas veces. De hecho, ningún ser humano es completamente digno de confianza. Las semillas que la canción de la serpiente sembró al oído de Eva siguen sembradas y producen frutos. Uno de los cónyuges que ha prometido amar, honrar, cuidar y ser fiel no cumple su promesa. Aun los padres que prometen que no permitirán que nada malo les pase a sus hijos, no siempre lo cumplen. ¿En quién podemos confiar?

Jesús contesta: “Ustedes creen en Dios; crean también en mí”. Piense en lo que Jesús quiere decir aquí. Los discípulos conocían la gracia de Dios que prometió que el Salvador vendría por medio de la descendencia de Abrahán. Esa promesa se repitió a través de los siglos. Los discípulos conocían las Escrituras del Antiguo Testamento. Aprendieron a confiar en el Señor de Samuel, David e Isaías. “Ustedes creen en Dios”, dice Jesús. “Crean también en mí”. Él es el Señor de la promesa. Es el Salvador prometido en todo el Antiguo Testamento. Cuando Dios dice algo, sucede. Confíe en cada promesa. Ni una sola palabra dejará de cumplirse.

Mediante el evangelio, Dios nos ha dado un lugar en su reino de gracia y de gloria. Siempre podemos confiar en las palabras de Jesús como confiamos en las palabras de Dios. No hay diferencia, porque Jesús es Dios. Cuando Jesús nos dice que nuestros pecados son perdonados, lo están. Cuando nos dice que nos cuidará día y noche, lo hace. Cuando nos dice que resucitaremos igual como él resucitó, así será. “Ustedes creen en Dios; crean también en mí”. Necesitamos ánimos frecuentemente para confiar en Jesús, porque batallamos en este mundo de pecado, dolor, pesar y muerte. El evangelio calma nuestro corazón cansado, temeroso e incrédulo con la seguridad del amor de Dios. Confíe en Dios; confíe en Jesús; confíe en su palabra.

Oración:

Gracias, Dios, por ser digno de confianza. Amén.