UNA PALABRA DE PROMESA

Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso. Lucas 23:43

Dos hombres fueron crucificados al mismo tiempo que Jesús. No conocemos los nombres de ellos. La referencia que tenemos es “criminal”. Aunque ellos admitieron su culpa, no sabemos cuáles fueron sus crímenes. Pero sí sabemos lo que Jesús le prometió a uno de los dos. Y damos gracias a Jesús porque él nos ha hecho la misma promesa a nosotros.

Jesús le dijo a ese penitente criminal: “De cierto te digo”. Cuando el dueño del cielo y de la tierra utiliza tales palabras, es porque ya está hecho. El Salvador continuó: “hoy”. Por tres a cuatro horas más el ladrón respiraría con difiultad, pero ese mismo día su cruz sería cambiada por una corona y su alma sería llevada a la gloria del cielo. El Señor continuó diciendo: “conmigo”. Todo el cielo está en esta palabra. Lo mejor que sabemos del cielo es que esa palabra significa estar con Cristo y disfrutar eternamente de su amor. El Señor concluyó diciendo: “en el paraíso”. Esa mañana vio al ladrón siendo sacado de su celda en la prisión para pagar su deuda a la sociedad. Esa tarde vio su vida desvaneciéndose en la cruz y su alma enfrentando las puertas boquiabiertas del infierno. Pero esa noche lo vio caminando en el cielo de la mano de su Salvador. ¡Qué amor! Él le dio al inmerecedor ladrón todo el pan en lugar de las boronas que él había pedido.

En la lápida de Copérnico, el famoso astrónomo y fiel creyente, están las palabras: “No pido la gracia de Pablo. Ni el perdón una vez mostrado a Pedro. Sólo pido el perdón derramado sobre el ladrón en la cruz.” ¡Yo también! Cuando llegue mi hora, mis oídos de fe necesitan escuchar a mi Salvador decir: “Hoy estarás conmigo en el paraíso.”

Oración:

Señor, gracias porque en tu gracia así me lo haz prometido a mí también. Amén.