(Lectura de la Biblia en tres años: Marcos 6:45–7:23)

VOLVEOS A MÍ

Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, dice Jehová de los ejércitos.

— Zacarías 1:2, Reina Valera 1995

Tras varios días de intensa lluvia, un hombre preguntó a su vecino cristiano:

—¿Cree usted que dejará de llover?

—Siempre lo ha hecho.

¿Sabe usted cuál es el significado de su nombre? En el antiguo Israel el nombre de una persona denotaba su carácter o sus características personales, como en el caso de Esaú y Jacob; o podía a ser un nombre que recordaba un acontecimiento importante, como en el caso de los hijos de Jacob. Por esto el nombre con el que cada uno sería conocido se elegía cuidadosamente. En la Biblia, el nombre «Zacarías», designa a cerca de treinta diferentes personas y significa «Jehová recuerda». Eso nos hace notar que muchos tenían presente el hecho de que Dios está al tanto de lo que nos sucede a los seres humanos y que no nos ha olvidado.

Dios tiene presente su creación y mantiene interés en lo que le acontece. Puesto que busca el bien de ella, pone en marcha todo cuanto pueda ayudar a llevar a buen término cada una de las cosas que en ella suceden. Es, en este interés, que el Señor nos llama a cada uno de nosotros a volver a él, a ser convertidos a él. Pero, aunque él nos llama e invita, no significa que tenemos el poder de buscarlo y encontrarlo. La Biblia claramente enseña que todo aquél que necesita ser convertido, delante de Dios, está muerto en delitos y pecados. Por tanto es necesario discernir que la orden de conversión que Dios manda es un mandato evangélico. Esto significa que esa misma orden tiene el poder de producir lo que manda. Así como la orden de Dios que ordena «Sea la luz» es la que produce la luz, así también, la orden de conversión y arrepentimiento es la que produce la conversión y el arrepentimiento en el ser humano (cf. Génesis 1:3; Hebreos 11:3; Santiago 1:18, Romanos 10:17). Al igual que el Espíritu de Dios actuaba en la creación, actúa también en nosotros por medio de la palabra bíblica obrando arrepentimiento y fe. Cada vez que una persona es expuesta a la palabra de Dios, el Espíritu Santo obra en tal persona a través de la ley y el evangelio. Sin embargo es posible resistir este obrar de manera tan persistente que el corazón llegue a endurecerse; y esa misma palabra resistida por el corazón endurecido, puede endurecer tal corazón de modo definitivo. Dios nos llama, aunque solo merecemos toda su ira, gracias a los méritos de Jesucristo como nuestro sustituto. En gratitud vamos a querer apreciar ese llamado y vivir vidas arrepentidas.

Oración:

Señor, confieso que por mi propia razón o elección no puedo creer en Jesucristo, mi Señor, ni acercarme a él. Sino que el Espíritu Santo me ha llamado mediante el evangelio, me ha iluminado con sus dones, me ha santificado y guardado en la fe verdadera. De la misma manera llama, congrega, ilumina y santifica a toda la iglesia cristiana en la tierra, y en Jesucristo la conserva en la verdadera fe. Gracias te doy por ello, pues mi salvación no depende de mí sino de ti. Amén. 

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