DIOS VENDRÁ A SALVARLOS

Fortalezcan las manos débiles, afirmen las rodillas temblorosas; digan a los de corazón temeroso: «Sean fuertes, no tengan miedo. Su Dios vendrá, vendrá con venganza; con retribución divina vendrá.» Se abrirán entonces los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; saltará el cojo como un ciervo, y gritará de alegría la lengua del mudo.

—Isaías 35:3-6

¿Alguna vez estuvo aterrorizado? El capítulo 34 de Isaías, solo contiene duras palabras de parte de Dios contra la humanidad en general, y ningún consuelo. Esa descripción gráfica y despiadada del enojo divino tiene el propósito de sacudir y aterrorizar. Incluso los creyentes pueden sentirse muy atemorizados por esos descriptivos detalles. Las amenazas de Dios nunca consuelan a nadie.

En el capítulo 35, Dios da un mensaje distinto dirigido especialmente a los que están aterrorizados: «Sean fuertes, no tengan miedo». Este mensaje consolador es el tema del evangelio que presenta la Escritura. Cuando nació Cristo, unos ángeles aparecieron a los pastores para darles la noticia. Entonces, «La gloria del Señor los envolvió en su luz, y se llenaron de temor. » (Lucas 2:9). El ángel les dijo que no temieran. Cuando Jesús resucitó, animó a sus seguidoras diciéndoles: «No tengan miedo» (Mateo 28:5). Dios no se complace en la destrucción del malvado, ni se deleita en amedrentar o amenazar, pues está mucho más interesado en perdonar, en dar esperanza y vida. Sin embargo, así como cuando alguien está enfermo de gravedad vamos a querer decirle la verdad y las malas consecuencias de no solucionar su problema, de igual modo Dios nos revela cuán mala es nuestra condición pecaminosa y cuál es el resultado de no darle solución.

Cuando una persona está angustiada al saber que Dios está enojado con el pecador y su pecado y, en su desesperación, escucha el mensaje del evangelio, entonces pierde el temor. Recibe consuelo al comprender que por medio de Cristo son perdonados los pecados. Él hizo todo lo necesario para ponernos a cuenta con Dios. Obedeció perfectamente la voluntad divina en lugar nuestro y recibió, en la cruz, toda la ira de Dios que merecemos. Por Cristo, incluso cada prueba viene a ser una fuente de gozo, porque Dios hará que todo obre para nuestro bien. Los creyentes de todas las épocas han sido animados a esperar en el Señor y a confiar en él. «No tengan miedo», dice nuestro Dios. Cuando faltan el ánimo para seguir adelante, el evangelio fortalece las manos débiles y afirma las rodillas temblorosas. En gratitud, vamos a querer compartir esta verdad consoladora con los que están angustiados por sus pecados

Oracion:

Señor, te doy gracias porque tu ley me angustia y prepara para tu evangelio con el que recibo consuelo. Amén. (Salmo 138:2)

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