(Lectura de la Biblia en tres años: Números 35:9–28, Marcos 14:59–65)

POR QUÉ NO DEBEMOS ESPERAR A OTRO

Juan [el bautista] estaba en la cárcel, y al enterarse de lo que Cristo estaba haciendo, envió a sus discípulos a que le preguntaran:
—¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?

—Mateo 11:2–3

Aun hoy, en el siglo 21, el judaísmo sigue esperando la venida del Mesías. Por esto ha sido víctima del engaño de los falsos Cristos: Simón Bar-Koqueba (hijo de una estrella), en el año 132 d.C., se autoproclamó Mesías y declaró la independencia de Judea. Roma lo venció y vendió a sus seguidores como esclavos. En Yemen apareció otro mesías judío, David Alroy, en el siglo 12. Prometiendo llevar a sus seguidores volando a la tierra santa, los hizo subir a los techos vestidos con alas de ángel, mientras tanto ladrones saquearon sus casas. Para el siglo 17 Sabatai Zebí convenció a judíos de Europa, e incluso a algunos cristianos, que él era el Mesías. Promovió la inmoralidad más crasa entre sus adeptos, a quienes dejó pasmados cuando en Turquía se convirtió al Islam. ¿Por qué estas personas cayeron en tales engaños? Porque esperaban un Mesías político, uno que sea el rey de un imperio mundial religioso.

A nuestra naturaleza pecaminosa le fascina la gloria humana. La torre de Babel fue construida con ese propósito, como ellos mismo lo dijeron: «Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra.» (Génesis 11:4). Los judíos no fueron diferentes en esto. A la promesa divina de un «Mesías salvador del pecado» le dieron el sentido de un «Mesías libertador político», alguien que gobernaría desde Jerusalén como rey político. Tanto los discípulos de Jesucristo como los de Juan el Bautista creían esta falsa doctrina conocida como el «Milenio». Cuando Juan fue encarcelado sus discípulos quedaron azorados, por esto él les envío a Cristo con sus preguntas. Jesucristo les respondió dirigiéndolos a la Palabra de Dios. Les dice que el Mesías tiene que ver con el evangelio, no con una revolución y les advierte: «Dichoso el que no tropieza por causa mía.». Los seguidores del judaísmo tropiezan en Cristo porque él no vino como libertador político. Jesucristo enseñó que él sí es rey, pero que su reino no es de este mundo. Él nunca vendrá a gobernar políticamente ningún país, mucho menos el mundo entero. Tampoco enviará a nadie como vicario de Cristo para gobernar en su nombre. Su trono está en el cielo y gobierna sobre todo el universo. Cuando retorne lo hará como juez para el juicio final. Pero Cristo gobierna hoy la vida de los creyentes por medio de Su palabra, la Biblia.

Oracion:

Señor, en gratitud a tu amor incondicional, por el que me has hecho parte del reino de Jesucristo, quiero vivir en obediencia a él. Concédeme, te suplico, temer y amar a Dios, de modo que no desprecie tu palabra, ni la prédica de ella; sino que la considere santa, la oiga, aprenda y la obedezca de buena voluntad. Amén.

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