LAS ÓRDENES PERMANECEN SIN CAMBIO

Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura. (Marcos 16:15)

Cada hora, a la hora exacta, los 365 días del año, un soldado se presenta para el relevo en la Tumba del Soldado Desconocido, en el cementerio nacional de Arlington. La precisión del cambio de guardia es impresionante. Y son aún más impresionantes las órdenes que se entregan; la orden es siempre la misma: “Las ordenes permanecen sin cambio”.

¿No podemos decir lo mismo del mandato que Jesús resucitado les dio a sus soldados de todos los tiempos? “Vayan,” les mandó, “por todo el mundo.” “Anuncien las buenas nuevas,” les encomendó, “a toda criatura.” “Y cuando lo hayan hecho,” continuó, “pásenle la orden a los que vienen después de ustedes.” Las órdenes del día para los creyentes son siempre las mismas: no hacer guardia ante la tumba en la que descansa un cuerpo desconocido, sino hablarle a toda la creación sobre su viviente, amoroso Salvador, su único Salvador.

Soldados de la cruz, ¿cómo lo estamos haciendo? ¿A quién le hemos dicho? “No puedo llegar muy lejos,” dice usted. Bueno, ¿y qué pasa con su familia, su vecindario, su pequeño rincón del mundo? “No puedo hacer mucho,” pide usted disculpas. Bueno, ¿y qué pasa con sus oraciones y con el dinero para las misiones? Pocos de nosotros cruzarán personalmente los mares para trasmitir el mensaje de la cruz a mundos lejanos; pero podemos ayudar a construir los barcos que lleven a los que van. Y podemos pescar en los lagos que hay en nuestros patios traseros.

Oración:

Señor, aquí estoy. Conmuéveme, úsame y bendice mis esfuerzos por hablarles de ti a otros. Amén.