“El más importante de todos es el amor” (1 Corintios 13:13)

LA EXCELENCIA DE EL AMOR CRISTIANO

En el cuidado y la preocupación de una madre por su hijo, hay amor. En las lágrimas de un esposo afligido ante la sepultura abierta de su esposa, hay amor. En la mano que ayuda a alguien que tiene necesidad, hay amor. El amor es el idioma universal de los corazones que se atraen unos a otros.

Pero el pecado tiene la costumbre de empañar el brillo del amor. De hecho, le ha quitado valor al significado de la palabra amor a tal punto que con frecuencia ya no se puede reconocer como amor. Por eso, el apóstol Pablo se vio obligado a incluir el capítulo del amor cristiano en su primera epístola a los corintios. Este capítulo renueva y refresca el entendimiento que tenemos de la excelencia de esta virtud cristiana.

El amor cristiano es mucho más que una atracción física. Es más que una emoción vacía, aún más que un afecto ferviente. El verdadero amor existe y crece en un corazón donde Cristo mora por la fe. “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Y la plenitud del amor del Padre se aprecia en que dio a su Hijo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16). Su supremo acto de amor tuvo lugar en el Calvario. La cruz es el símbolo de una muerte espantosa; la muerte de Cristo la convirtió en un símbolo de amor. Por ese amor, Cristo nos hizo suyos. Ahora su amor nos asegura: “No temas… porque yo te redimí; yo te di tu nombre… y tú me perteneces” (Isaías 43:1). Este amor de Cristo nos lleva a seguir su camino de sufrimiento y estar al pie de su cruz durante la estación de Cuaresma que se aproxima.

Nosotros, que somos hijos de Dios, que conocemos su amor en Cristo Jesús, no podemos sino devolver amor por amor. “Nosotros lo amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Su amor hace que amemos a los demás. “Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se perfecciona en nosotros” (1 Juan 4:12). Su amor es el sol que resplandece a través de los nubarrones en nuestra vida.

Ese amor, como se refleja en la vida de un cristiano, se describe plenamente en la serie de devociones en los próximos días. Veremos lo que es y lo que no es, lo que hace y no hace. El amor cristiano es la virtud suprema y la fuente de todas las otras virtudes, porque está arraigada en el amor original de Cristo.

Oración:

Cristo, en nosotros queda

Con tu fiel protección,

Tu gracia nos conceda

Eterna redención. Amén. (CC 297:3)

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