VENDRÁ EL DESOLADOR

Por otra semana más confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda.

Después, con la muchedumbre de las abominaciones, vendrá el desolador, hasta que venga la consumación y lo que está determinado se derrame sobre el desolador

—Daniel 9:27, RV95

Al profeta Daniel le fue revelado que el reino del Mesías sería eterno. También que Jerusalén y el templo serían reconstruidos y nuevamente destruidos. Esto no tenía mucho sentido. Incluso se le reveló que el Mesías sería muerto. La gran mayoría del pueblo de Israel esperaba que el Mesías reinaría sobre todo el planeta desde la ciudad de Jerusalén y que las naciones vendrían a adorar a Dios allí. Incluso los discípulos de Jesús creían que eso sucedería. Por eso, Jesucristo, tuvo que dejar claro muchos aspectos al respecto. Él dijo que su reino no es de este mundo (Juan 18:36) También anunció que Jerusalén (donde él reinaría si su reino fuera de este mundo) y el templo serían destruidos hasta que no quede piedra sobre piedra (Mateo 24:1,2) Hizo notar a sus discípulos que «la muchedumbre de las abominaciones» y «el desolador» «de la que habló el profeta Daniel (el que lee, que lo entienda)» señalarían que la destrucción del templo y de Jerusalén habría llegado (Mateo 24:15 cf. Lucas 21:20). Lo último que aprendemos aquí es que «el desolador» permanece «hasta que venga la consumación y lo que está determinado se derrame sobre el desolador». Este desolador es el anticristo, según la Biblia el anticristo gobierna y pelea contra el pueblo de Dios hasta la segunda venida de Cristo. Es Cristo quien lo destruirá y lo condenará al castigo eterno.

El texto de hoy no solo nos habla de la destrucción del templo, también trata del «cesar el sacrificio y la ofrenda.» ambas acciones requieren la existencia del templo y la vigencia del Antiguo Pacto. Con el establecimiento del Nuevo Pacto ya no son necesarios «el sacrificio y la ofrenda» levíticos (Hebreos 10:8-14). El día que el Mesías murió, como señal de que la vigencia del Antiguo Pacto cesó, el velo del templo se rasgó. Pero los sacrificios se siguieron ofreciendo hasta la destrucción del templo en el año 70 d.C.

Hoy Jesucristo reina y es el sumo sacerdote del Nuevo Pacto. Ha edificado un templo espiritual (la iglesia) y reina en los corazones de los creyentes en todo el mundo. Ellos presentan mejores ofrendas y sacrificios en base a los méritos perfectos de su sustituto: el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Oración:

Bendito Dios, te doy gracias porque, por los méritos de tu Hijo, soy parte de tu templo, de tu sacerdocio y de tu ciudad celestial.  Amén

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