“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque estas cosas las escondiste de los sabios y de los entendidos” (Mateo 11:25)

DIOS HA REVELADO LO QUE ESTABA ESCONDIDO 

¿Cómo podría el Señor de los cielos y de la tierra estar oculto? ¿Cómo podría alguien no reconocer que el Creador y Soberano del universo existe? Se pensaría que el poder asombroso y esplendoroso sería obvio para todos. Cada día él hace que el sol brille, caliente la tierra y dé luz. Cada día la variedad infinita de aves, flores, árboles y animales manifiestan su bondad.

Sin embargo, ¿qué encontramos? En nuestros parques se nos dice cómo las fuerzas de la naturaleza formaron las montañas y los cañones. Se nos ha hablado de los cambios evolucionistas que dieron origen a los seres vivientes. Los sabios y los entendidos de nuestro mundo, muy serios, dicen: “Todo sucedió por accidente”. Las enseñanzas de la Biblia con respecto al todopoderoso Creador y Soberano del universo son atacadas y ridiculizadas abiertamente.

La explicación de esto se encuentra en el hecho de que somos pecadores. La Biblia enseña claramente las verdades de Dios. Jesús también las enseñó abierta y sencillamente. Pero el mundo no quiere escuchar esas verdades. El hombre quiere ser su propio dios. En juicio, por lo tanto, Dios da a las personas lo que desean. No quieren ver; quieren andar a la luz de su propia sabiduría. ¡Bueno, que así sea! No verán. Y la luz de la sabiduría de Dios se ocultará de ellas.

Esa es nuestra condición desde que nacemos. Somos como el niño que se complació mucho con la capacidad que tenía para hacer pequeños y divertidos dibujos. Un día notó en un museo una tela en blanco y dibujó en ella. Cuando dio unos pasos atrás, para admirar su ingenio, vio que la tela formaba parte de una gran pintura de un enorme valor. La pintura, de uno de los grandes maestros, era tan grande que el niño ni siquiera lo notó cuando garabateó en una esquina. En su insensatez, la había estropeado.

De la misma manera, los sabios y entendidos de este mundo están encima de la gran obra maestra de Dios y no reconocen qué es o quién la hizo.

Y para todo el que siga confiando en su propia sabiduría, las verdades de Dios permanecen escondidas.

La perspectiva correcta en la vida se encuentra únicamente en la palabra de Dios. Y la forma de conocer el corazón de Dios es solo por medio de su Hijo, Jesucristo.

Oración:

Te alabamos, oh Dios, por revelarnos tu amor y sabiduría por medio de Jesús, nuestro Salvador. Amén.

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