LO ALABAMOS POR SU NOMBRE: EL REY

Por tanto, al Rey eterno, inmortal, invisible, al único Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. 1 Timoteo 1:17

En los Estados Unidos la palabra rey no es muy popular. Tal vez se sabe algo cuando leemos acerca de la reina de Inglaterra o vemos reportes sobre reyes déspotas en el Medio Oriente, pero de otro modo, ¿a quién le importa? Pero cuando las Escrituras llaman a Jesús el Rey, escuchamos con interés.

Mire lo que trae mi Rey. Los reyes terrenales cobran impuestos y toman de sus súbditos. Jesús sólo da, aún ofreciéndose él completamente por mí. Los potentados terrenales exigen con mano fuerte. Jesús ofrece con amor que atrae. Los gobernantes terrenales llenan sus cofres con el dinero de su pueblo. Jesús, por medio de su muerte, me ha preparado tesoros en el cielo. ¡Qué Rey es él! Miremos los regalos que él trae.

También observamos a dónde me lleva. Él es el Rey eterno e inmortal que me lleva a la inmortalidad y al reino eterno. La Jerusalén de arriba me espera con no más muerte para matarme ni pecado para mancharme. Sólo cuidado perfecto para todos sus súbditos y para mí, y paz perfecta para nuestro corazón. Aquí en la tierra ya soy un ciudadano de su reino. El certificado de mi bautismo es la prueba de mi ciudadanía. Sólo espero hasta que en el cielo pueda disfrutar plenamente su reino con ese eterno e inmortal Rey.

¡Qué nombre, el Rey, tiene mi Dios Salvador, uno que merece mi alabanza todos los días de mi vida!

Oración:

Eterno Señor, gracias por venir como mi Rey, para hacerme ciudadano del cielo. Amén.