LA LEY ES SANTA, Y EL MANDAMIENTO ES SANTO, JUSTO Y BUENO

Porque el esposo no creyente ha sido santificado por la unión con su esposa, y la esposa no creyente ha sido santificada por la unión con su esposo creyente. Si así no fuera, sus hijos serían impuros, mientras que, de hecho, son santos.

– 1 Corintios 7:14

Dios nos manda amonestar al pecador con su ley. Como cristianos agradecidos, por la gran salvación que nos fue obsequiada, queremos obedecer a Dios en todo. Pero ¿qué hacer cuando cierta persona rechaza la amonestación? Para este caso el Espíritu Santo nos manda usar la ley como martillo para golpear la conciencia del pecador que no quiere arrepentirse, que es impenitente. Todos somos pecadores, pero hay pecadores penitentes y pecadores impenitentes. Pecador impenitente es aquel que no quiere vivir arrepentido. Pablo nos dice que la ley es buena, si se aplica como es debido. Luego nos dice que la ley es para los pecadores. Todos somos pecadores y necesitamos ser confrontados con la ley como un espejo que nos muestra nuestras fallas. Pero el pecador impenitente también necesita ser confrontado con la ley como martillo. Presentar la ley como martillo es dar a conocer las amenazas con las que ella nos advierte contra la desobediencia a Dios.

Tanto Juan el Bautista como el Señor Jesucristo usaron la ley como martillo, especialmente con los líderes judíos debido a la impenitencia en la que persistían. El propósito de ambos fue aterrorizar a los impenitentes a fin de que puedan entrar en conciencia de la necesidad de la salvación. Nosotros también necesitamos la ley como martillo pues nuestra vieja naturaleza pecadora todavía se aferra a la idea de que puede agradar a Dios por las buenas obras. Por eso nuestros predicadores y maestros se esfuerzan en incluir el uso de la ley como martillo en sus sermones y estudios bíblicos. Sin embargo, si una persona ya se encuentra aterrorizada frente a su pecado y las terribles consecuencias que conlleva, no es correcto seguir usando la ley de esa manera. Tal persona necesita urgentemente el evangelio, necesita oír lo que Cristo hizo para salvarle.

Antes de hablar con alguien acerca de la Biblia, quiero preguntarme: ¿esta persona necesita oír la ley como espejo y como martillo en todo su rigor; o necesita ser consolada con el evangelio en toda su dulzura? Sí, la ley es santa, y el mandamiento es santo, justo y bueno, pero solo si se aplica como es debido. Como ser humano imperfecto que soy siempre estoy expuesto a la tentación de hacer un uso indebido de la ley, como cuando quiero motivar a las personas a agradar a Dios por esforzarse en cumplir la ley. La ira de Dios está en contra de quienes hacen mal uso de su nombre y de su Palabra. Gracias a Dios que Cristo, en lugar nuestro, usó bien la ley y el evangelio; y pagó con su vida este nuestro pecado. En gratitud quiero hacer un buen uso de la ley y el evangelio.

Oración:

Espíritu Santo, guárdame de hacer un mal uso de la ley y el evangelio, y concédeme proclamar tu Palabra sin temor alguno. Amén.