“Pero cuando venga el Consolador… él dará testimonio acerca de mí. Y ustedes también darán testimonio” (Juan 15:26,27)

EL CONSOLADOR NOS PERMITE DAR TESTIMONIO DE CRISTO 

Cuando los discípulos apenas se dieron cuenta de la magnitud de la obra que el Señor les había encomendado, debieron estar aterrorizados. Jesús dijo: “Serán mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8). ¡Testigos de Cristo y de su sagrada palabra delante de todo el mundo! ¿No eran estos los mismos hombres que abandonaron a Jesús en el huerto de Getsemaní, cuando vieron a la muchedumbre y a los soldados? ¿No eran los cobardes que se apiñaron detrás de puertas cerradas, temerosos de que los judíos pudieran también hacerles a ellos lo que le habían hecho a Jesús?

¿Pero qué oímos? Jesús no solo les dice a estos mismos hombres que llevarán a cabo su obra, sino que sufrirán con gusto por el honor de poder realizarla. ¡Imposible! Habría más probabilidades de decirle a alguien que tuviera miedo a las alturas que se ganara la vida como paracaidista. ¿Cómo podrían hombres tan débiles y asustados como estos discípulos realizar el trabajo? Ellos han de haberse hecho la misma pregunta. Pero en nuestro texto, Jesús les da a ellos y a nosotros una respuesta.

Cuando los discípulos fueran llevados delante de los hombres más poderosos de la tierra, el Espíritu Santo les daría el valor para predicar la verdad. Y si estuvieran tan asustados que no pudieran hablar, el Espíritu Santo les daría las palabras que sus labios temerosos pronunciarían. Los discípulos no tenían que preocuparse acerca de dar testimonio de la verdad, aun en los entornos más asombrosos. El Consolador daría testimonio por medio de ellos.

En la actualidad, el mismo Espíritu Santo todavía nos ofrece sabiduría, consuelo y ayuda. Dar testimonio de la verdad en este mundo pecador siempre será una tarea asombrosa y aterradora. Y hay muchas veces en que nosotros nos preguntamos seriamente cómo personas tan tercas, egoístas, pecadoras y con frecuencia temerosas como nosotros puedan esperar alguna vez dar testimonio claro de nuestra fe.

No obstante, en medio de esos temores el Espíritu Santo nos anima y nos hace recordar esas partes de la palabra de Dios que se aplican. Nos da fuerzas para vencer nuestra debilidad y vivir nuestra fe. El que nos ha dado testimonio de Cristo puede seguir su obra por medio de nosotros.

Oración:

Querido Señor Jesús, gracias por enviarnos a tu Espíritu Santo con su consuelo, ayuda y ánimo. Danos las fuerzas para luchar contra cada tentación de desesperarnos en el camino de la vida. Haznos testigos fieles de la gloria de tu nombre. Amén.

Comentarios

Comentarios