INJERTADO EN LA VID

Yo soy la vid y ustedes son las ramas. Juan 15:5

La Escritura utiliza muchas imágenes para describir la íntima relación que existe entre Cristo y los que creen en él, y esta imagen de la vid y las ramas está cerca de ser la mejor.

“Yo soy la vid,” dijo Jesús. No tengo que ser un jardinero para entenderlo. Casi puedo ver esa fuerte vid que sube del suelo y les lleva vida a las ramas que están unidas a ella. Con los ojos de la fe puedo ver cómo plantó Dios a Cristo como una vid que le da vida a este mundo, en Belén. Cómo creció esa vid desde Belén hasta el Calvario, desde el pesebre de pobreza hasta la cruz de dolor, para llevarle vida eterna a personas como yo. ¿Podría alguien que no fuera Jesús reclamar el título de la vid que da vida?

“Ustedes son las ramas,” continuó diciendo Jesús. “Ustedes”, dijo él, mirando a personas como yo. Los que han sido llevados a la fe en Jesús como su Salvador están tan íntimamente unidos a él como las ramas a una vid. Están conectados a él, eternamente vivos en él, y obtienen vida espiritual de él.

La gracia de Dios hace ese injerto. Por medio del evangelio en Palabra y sacramento, la gracia de Dios remueve al incrédulo que hay en mi corazón y obra allí la fe en el Salvador. Mi unión a Cristo, la vid, es un regalo de la gracia de Dios. Cuán maravilloso y cuán necesario es poder decir, con la fe que Dios da: “Todo mi gozo en vosotros estará Y vuestro gozo con fruto cumplido será” (HFA 223:1).

pastor que necesito.

Oración:

Señor, sostenme siempre unido como una rama a Cristo, la vid que da vida. Amén.