(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Samuel 7, Lucas 23:6–12)

EXAMÉN DE CONCIENCIA

Tengo que admitir que soy malo de nacimiento, y que desde antes de nacer ya era un pecador.

—Salmo 51:5, Biblia Traducción en lenguaje actual (TLA)

¿Se ha preguntado alguna vez cada cuanto es saludable hacer un examen de conciencia? Como hijos de Adán no nos agrada pensar que somos pecadores. Por el contrario, estamos más inclinados a tener un concepto alto de nosotros y nuestras virtudes. Nos es más fácil pensar que somos mejores que otros o, por lo menos, que no somos tan malos como algunos individuos. Por esto, el examen de conciencia no está en nuestras prioridades. Sin embargo, no es saludable dejar esto para el último día de nuestras vidas puesto que tal día podría llegar en cualquier momento, tomarnos por sorpresa y hallarnos desprevenidos. Por esto, es de suma importancia responder a la interrogante ¿Cada cuanto es necesario hacer examen de conciencia?.

Nuestro Señor Jesucristo enseño a orar: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.» (Mateo 6:11,12). Tales peticiones tienen carácter cotidiano pues se pide el pan de cada día. Por tanto, es diario también el perdón suplicado. Entonces, el examen de conciencia diario es lo indicado. Sin embargo, el propósito del examen de conciencia no es el de hacernos minuciosos para enumerar detalladamente todos los pecados que hubiéramos cometido, no solo porque es imposible sino también porque es innecesario. El salmista reconoció honestamente: «¿Quién está consciente de sus propios errores? ¡Perdóname aquellos de los que no estoy consciente!» (Salmo 19:13). El examen de conciencia tiene el propósito de ejercitarnos en el discernimiento del bien y de mal, reconocer que no somos perfectos y conocer nuestras debilidades a fin de acudir al perdón y auxilio divinos. No nos gusta admitir que pecamos todo el tiempo. Pensamos que somos más buenos que los demás y que podemos agradar a Dios con nuestras obras imperfectas. Pero somos tan pecadores como los demás (Santiago 2:10,11; 4:17; Hebreos 5:13) Somos soberbios y por eso merecedores de toda la ira de Dios. Es solo por los méritos de Cristo que Dios nos perdona. En gratitud vamos a querer hacer examen de conciencia guiados por la palabra; reconocer que somos tan pecadores como los demás y solo por la obra de Cristo tenemos perdón.

Oración:

Aunque merecemos tu justa ira y tu castigo, te pedimos, ¡oh Padre de misericordia!, que perdones nuestro pecado y nuestras muchas rebeliones. Defiéndenos de todo mal y peligro, en nuestro cuerpo y en nuestra alma. Líbranos de doctrinas falsas y perniciosas, y de guerra y derramamiento de sangre, de las tempestades y las sequías, de los incendios, de las epidemias, de la angustia del corazón y del desesperar de tu misericordia. En todo tiempo sé Tú nuestra ayuda eficaz. Amén.

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