MUCHOS HERMANOS

Tanto el que santifica como los que son santificados tienen un mismo origen, por lo cual Jesús no se avergüenza de llamarlos hermanos. Hebreos 2:11

Yo tuve tres hermanas, pero no tuve hermanos. Muchas veces deseé haberlos tenido; hubiéramos jugado fútbol juntos, salir en defensa unos de otros, haber sido amigos toda la vida. Pero no había hermanos en los planes de Dios para mí.

Sin embargo, tengo más hermanos de los que puedo imaginar. Nuestro versículo me recuerda que todos aquellos a quienes el misericordioso Dios ha santificado son hermanos míos. Y hay algo más importante, nuestro versículo revela la manera como Dios hace santos a los pecadores: por medio de la obra redentora de su santo Hijo, Jesús. Ese fue el gran plan de Dios, dispuesto por su amor desde la eternidad. Su Hijo sin pecado vendría a la tierra para ser mi hermano. El eterno Hijo de Dios se iba a convertir en un pequeño embrión de vida en el vientre de una virgen, para nacer de la misma manera que yo nací, caminar sobre la tierra y conocer el dolor. Lo mejor de todo es que vino a hacer eso por mí. Fue concebido y nació, vivió una vida de perfecta obediencia a la ley de Dios en lugar de mí; fue crucificado y murió, para pagar mis pecados. En Jesús tengo a un maravilloso hermano. Y tengo muchos más hermanos, por medio de su obra salvadora. Todos aquellos a quienes Dios trae a la fe en el Salvador se cuentan conmigo en la familia celestial de Dios.

Cuando Jesús me llama “hermano”, soy feliz. Tengo un hermano mayor que sale en mi defensa como nadie más puede hacerlo. Él me promete que va a ser mi amigo y compañero no solo en esta vida, sino por siempre. Aquí en la tierra, me rodea con otros que se relacionan conmigo por medio de la fe. En su compañía, tengo gozo en el camino al cielo.

Oración:

Señor Jesús, mi Salvador, te doy gracias porque viniste a ser mi hermano; te pido que me sostengas en la fe como hermano tuyo. Amén.