LA PALABRA DE DIOS ESCUCHADA CON ATENCIÓN

Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.

—Nehemías 8:8 (RVR1960)

Los israelitas vivieron desterrados en Babilonia, lejos de la tierra de Israel, sin capital ni templo por 70 años, tal como Jeremías lo había profetizado. Nehemías fue comisionado por Dios para coordinar las tareas de reconstrucción de la ciudad y el santuario padeciendo tiempos angustiosos (Jeremías 25:11; Daniel 9:25). Después de que las primeras labores de reconstrucción fueron completadas Esdras convocó al pueblo para escuchar la lectura de la palabra de Dios. Después de mucho tiempo, por fin la tierra de Israel podría ser testigo, nuevamente, de un acto de adoración al verdadero Dios.

En aquél conmovedor evento en que los deportados, que ya habían retornado, se reunieron en la plaza que está delante de la «Puerta de las Aguas» de Jerusalén para prestar debida atención a la lectura pública de la Palabra de Dios. ¿Evidenciaron mala preparación y presentación negligente los levitas encargados de la lectura pública? La Biblia dice: «Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.» Aquellos lectores con profundo respeto al Dios verdadero leyeron de tal forma que los oyentes conmovidos lloraban al comprender que habían ofendido a Dios y merecían toda su ira. Pero al comprender que había buenas noticias celebraron con mucha alegría (Nehemías 8:12).

Jesucristo obró nuestra salvación a un gran costo para él, pues tuvo que ser nuestro doble sustituto obedeciendo perfectamente, en lugar de nosotros, y padeciendo la ira de Dios que nosotros merecíamos. En gratitud vamos a querer leer la Palabra de Dios, no solo con el aprecio y reverencia de la que es digna, sino también considerando que los lectores quieren beneficiarse de las lecturas en voz alta también. (Apocalipsis 1:3; 1 Timoteo 4:13).

Oración:

Señor, tu palabra dice que la fe viene por el oír tu palabra y que de la abundancia del corazón habla la boca. Te suplico que guardes mi corazón y mis labios de manera que siempre esté presto para leer públicamente tu palabra de tal manera que quienes la escuchen se beneficien sin obstáculo. Amén.

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