(Lectura de la Biblia en tres años: Levítico 7:1–20, Mateo 27:1–10)

LA SEGUNDA MUERTE

Entonces saldrán y contemplarán los cadáveres de los que se rebelaron contra mí.
Porque no morirá el gusano que los devora,
ni se apagará el fuego que los consume:
¡repulsivos serán a toda la humanidad!

—Isaías 66:24

Hoy muchas personas acaban de perder la vida inesperadamente. Como a ellos, a la gran mayoría de nosotros la muerte nos llegará sin aviso. Aunque sabemos que vamos a morir, no sabemos el cuándo ¿Estamos listos? Podría ser hoy mismo.

Estar preparados para dejar esta vida puede significar tener nuestras cosas en orden para no dejar dificultades a nuestras familias, amigos, colegas, etcétera. También involucra tener en orden nuestra situación espiritual pues «está establecido que los seres humanos mueran una sola vez, y después venga el juicio» (Hebreos 9:27) y tener en claro cuál será nuestro destino por la eternidad. Por esto, y aunque sea muy incómodo, es necesario preguntarnos «si muriera hoy, ¿dónde iría por la eternidad?»

Según la Biblia, para entrar al cielo debemos haber obedecido la ley moral de los diez mandamientos perfectamente (Mateo 5:48; Santiago 2:10-13). Nadie lo hizo excepto Jesucristo. Ni siquiera la gente buena o la menos mala tiene oportunidad de entrar al cielo por sus propias obras, pues para Dios «todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia.» (Isaías 64:6). Por eso merecemos toda la ira de Dios (Romanos 3:10-12, 22-23). Quienes mueren sin salvación irán a sufrir esa condena por la eternidad «al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga. […] el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.» (Marcos 9:43; Apocalipsis 21:8, RV95). Como Isaías lo profetiza, tales personas resucitan con cuerpos putrefactos que permanecen así por la eternidad.

Dios no quiere ese futuro para ninguno, «pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad. […] no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan. (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Por eso envió a Su Hijo para salvarnos, de modo que la perfecta obediencia de su hijo Jesucristo nos sea atribuida a nuestro favor gratuitamente y que su injusta muerte pague nuestro pecado. En gratitud vamos a querer dar a conocer estas noticias a todos (2 Corintios 4:13).

Oracion:

Gracias Señor te doy por tu gran misericordia y por tu amor que no merezco, pues me salvaste y me atribuiste los méritos de Jesucristo. Concédeme temerte y amarte a Dios, de modo que en gratitud quiera vivir santamente esperando la segunda venida y el gozo eterno mientras predico tu palabra. Amén.

www.cristopalabradevida.com/

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

Licencia Creative CommonsEsta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc. ™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.