HAZME COMO UN NIÑO

Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño de ninguna manera entrará en él. Marcos 10:15

Ella miró hacia atrás con el ceño de su rostro fruncido. Después le comentó a su esposo, y él también se volvió para mirar. El pequeño, en su cochecito, no estaba contento con el confinamiento y tenía hambre de su almuerzo, estaba levantando a gritos el lugar. Todo ese ruido era solo una distracción molesta para los dos compradores de edad mediana.

En la actualidad, la gente tiene poco tiempo para los niños. En el mejor de los casos los ven como obligaciones que tienen necesidad de atender. Y en el peor de los casos, los ven como obstáculos en el camino de la vida. ¿Han olvidado esas personas lo que una vez fueron y quién cuidó de ellos? Ahora, mire al Salvador. El día en que él pronunció las palabras de nuestro versículo, estaba muy ocupado, pero tomó tiempo para acunar a los niños pequeños en su regazo y para cubrirlos con sus bendiciones. Y también utilizó a esos pequeños niños para enseñarles a sus discípulos una lección sobre la fe.

Jesús dijo: “el que no reciba el reino de Dios como un niño de ninguna manera entrará en él”. Con eso no quiso decir que los bebés nacen sin pecado; ni quiso decir que los bebés vienen a este mundo con corazones que creen en el Salvador. La verdad es exactamente lo contrario; Jesús quiso decir que yo necesito fe como la de un niño. Creer la Palabra de Dios como un infante, confiar en lo que él dice. Responder, con fe sencilla: “Si tú lo dices Padre”, cuando mi Padre celestial señala la cruz de Jesús y me dice que ella cubre todos mis pecados. Tener la fe como la de un niño solo es posible por obra de Dios. Esta fe es un don de Dios que viene por medio del evangelio.

Oración:

Señor, te pido que me hagas más como a un niño, porque solo tú lo puedes hacer. Quita mis dudas y lléname con la fe sencilla en tus preciosas promesas. Amén.