LAS DOCE TRIBUS ESCLAVIZADAS

Los egipcios esclavizaron cruelmente a los israelitas. Les amargaron la vida sometiéndolos al rudo trabajo de preparar lodo y hacer adobes, y de atender a todos los trabajos del campo. En todo esto los israelitas eran tratados con crueldad.

– Éxodo 1:13-14 (DHH)

¿Alguna vez tuvo la impresión de que Dios se ha olvidado de usted? Es fácil pensar así cuando las cosas nos salen continuamente mal.

Cuando el patriarca Jacob era anciano, hubo una gran hambre en toda aquella región, por lo que tuvo que emigrar con toda su familia a la tierra de Egipto. Con el paso de los años, los descendientes de Jacob se hicieron numerosos. Por esta razón, los egipcios tuvieron temor de ellos y los esclavizaron. Dios había anunciado a Abraham que tal cosa sucedería: «Debes saber que tus descendientes vivirán como extranjeros en tierra extraña, donde serán esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años. Pero yo castigaré a la nación que los esclavizará, y luego tus descendientes saldrán en libertad y con grandes riquezas» (Génesis 15:13-14).

Aunque los hijos de Israel conocían las promesas de Dios y sabían que un día saldrían de Egipto (incluso tenían claras instrucciones de salir llevando los restos de José, según Génesis 50:24-25) parecía que Dios se había olvidado de ellos. Pero no fue así. Los tiempos de Dios no son los nuestros y él cumple sus promesas conforme su plan y propósito (Hechos 7:17). En estas circunstancias, los hijos de Israel olvidaron su llamado a ser «extranjeros y peregrinos sobre la tierra» que van hacia «una patria mejor, es decir, la celestial» (Hebreos 11:13,15). El pueblo de Israel llegó a amar Egipto más que a Dios. Cuando, al fin, fueron libertados ellos se rebelaron contra Dios y contra Moisés e hicieron planes para retornar a Egipto. Así mostraron una total falta de gratitud al amor de Dios.

En momentos de prueba, también nosotros podemos llegar a olvidar nuestro llamado (Mateo 24:48-51) y descuidar nuestra vida espiritual al punto de perder la fe (1 Corintios 10:1-5). Cristo, en perfecta obediencia, permaneció fiel hasta el fin en lugar de nosotros y recibió en sí la ira de Dios que nosotros merecíamos. En gratitud vamos a querer apreciar la salvación viviendo vidas consagradas al Señor.

Oración:

Que mi vida entera esté consagrada a Ti, Señor.

Que a mis manos pueda guiar el impulso de tu amor.

Que mis pies tan sólo en pos de lo santo puedan ir.

Que mis labios al hablar, hablen sólo de tu amor.

Que mi mente y su poder sean usados en tu honor.

Toma, ¡oh Dios!, mi voluntad, y hazla tuya nada más.

Toma, sí, mi corazón, y tu trono en él tendrás.

Amén.

Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

Licencia Creative CommonsEsta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional.

Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc. ™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.