(Lectura de la Biblia en tres años: Éxodo 25:31–26:11, Mateo 22:34–40)

LA EFICACIA DEL MENSAJE

Así como la lluvia y la nieve
descienden del cielo,
y no vuelven allá sin regar antes la tierra
y hacerla fecundar y germinar
para que dé semilla al que siembra
y pan al que come,
así es también la palabra que sale de mi boca:
No volverá a mí vacía,
sino que hará lo que yo deseo
y cumplirá con mis propósitos.

—Isaías 55:10-11

Algunas personas procuran retrasar lo más posible el bautizo de sus hijos. Lo hacen, pensando que cuando sean mayores podrán entender la doctrina y decidir si creen o no en la Palabra de Dios. Obran así debido a la idea de que es la razón la que convence a la gente para creer. La Biblia enseña que la fe es obra de la Palabra de Dios (Romanos 10:17) ¿Tiene la Palabra de Dios el poder de crear fe en el corazón de un recién nacido?

Dios mismo responde a esta pregunta tan importante. No es la sabiduría humana la que produce fe. Nuestros mejores argumentos apologéticos no producirán ni un ápice de fe. Eso solo puede hacerlo el poder del evangelio. ¿Cuán efectivo es el evangelio? ¡Es ciento por ciento efectivo! Si esto es cierto, entonces ¿por qué no todos los que han escuchado el evangelio creen? Las multitudes seguían a Jesús pero solo unos pocos eran discípulos suyos. La verdad es que inclusive en tales casos la Palabra fue efectiva. Solo que a quienes resisten el evangelio, este les endurece más sus corazones. Por una parte, la Palabra mueve al arrepentimiento, pero por otra, endurece al que se empeña en resistirla. Puesto que todos venimos de Adán todos resistimos la Palabra de Dios, con la diferencia de que cuando somos niños resistimos menos que cuando ya no lo somos.

Dios quiere que su Palabra obre en nosotros el arrepentimiento y la fe a fin de que podamos ser salvos por los méritos de Cristo. Él, como nuestro doble sustituto pagó nuestra salvación al obedecer perfectamente en lugar nuestro y al derramar su vida a nuestro favor. En gratitud vamos a querer temer y amar a Dios, de modo que no despreciemos su palabra ni la prédica de ella; sino que la consideremos santa, la oigamos y aprendamos de buena voluntad.

Oración:

Señor, por los méritos de tu Hijo Jesucristo, soy parte de tu pueblo elegido. En gratitud quiero confiar sólo en sus méritos para estar a cuentas contigo y te suplico me concedas el poder predicar tu palabra con valor y certeza de modo que pueda confesarle y no negarle. Amén.

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Meditaciones son presentadas por Publicaciones Multilingües-WELS y www.CristoPalabraDeVida.com.

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