DIOS QUIERE QUE NO SE PIERDA NINGÚN NIÑO

Miren que no menosprecien a uno de estos pequeños. Porque les digo que en el cielo los ángeles de ellos contemplan siempre el rostro de mi Padre celestial. […] El Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños.

—Mateo 18:10, 14

En un muro alguien escribió: «¿Cuál es el lugar más peligroso del mundo? El vientre de una madre en la clínica abortista». Este grafiti me hizo pensar ¡cuánto hemos llegado a menospreciar a los niños! La historia de la humanidad está manchada por ese desprecio al ser humano infantil. Algunas civilizaciones como la cananea y la fenicia, entre otras, sacrificaban a los niños como ofrenda a sus dioses. En Sodoma, la sodomía había contaminado incluso a los niños (Génesis 19:4-5) Excavaciones realizadas en Cartago (hoy un barrio de Túnez, África del Norte) pusieron al descubierto que, entre los siglos 5to y 8vo a. C., se inmolaron 20.000 niños al dios Baal y a la diosa Tanit. Esta ciudad fenicia tuvo un máximo de solo de 250.000 habitantes.

En medio de tanto horror y menosprecio por la niñez, el patriarca Jacob, en su viaje de retorno a su tierra natal, reguló el paso de toda su comitiva para no fatigar a los más pequeños. «Los niños son delicados», dijo (Génesis 33:13, 14, La Biblia Textual). Para entonces, sus hijos tendrían entre 5 y 14 años. Sus descendientes, los israelitas, demostraron igual respeto por los niños. Pero solo Jesucristo lo hizo perfectamente en obediencia a la voluntad de Dios.

La máxima demostración de desprecio hacia los pequeñitos es el aborto, y causa horror ver cómo Satanás ha convencido a tanta gente de que tienen todo el derecho a despreciar y destruir a los pequeños. Pero tratarlos con dureza igualmente es olvidar que son delicados, muchos niños son víctimas de bulling de parte de su propia familia. No bautizarles es negarles el acceso al perdón de los pecados. Dejarlos sin instrucción bíblica es una total falta de amor pues así impedimos que crezcan en la fe. Incluso los padres más piadosos han sido tropiezo a los niños cuando el pecado los enreda. Cristo amó y fue muy considerado con los niños en lugar nuestro y recibió en la cruz el castigo que merecemos por no ejercer la debida responsabilidad con los pequeños. En gratitud vamos a querer hacer todo lo necesario para la salvación de los niños, pues Dios no quiere que ninguno se pierda.

Oración:

Señor, tu quieres que los niños sean tratados conforme lo necesitan considerando que son delicados y quieres la salvación de ellos. Que mi vida entera esté consagrada a tu voluntad de manera que sea útil instrumento tuyo.   Amén.

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