“Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncien los hechos maravillosos de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9)

ANUNCIAMOS LOS HECHOS MARAVILLOSOS DE DIOS 

¿Se imagina usted estar completamente en tinieblas? Puede tener ropa fina y suficiente comida, pero si no tiene luz, la vida le podría resultar miserable. La mayoría de la gente anda sin la luz de Cristo. La humanidad anda a tientas en las tinieblas del pecado y la vergüenza. Dios parece distante, remoto y desconocido. Mucha gente no tiene una guía verdadera y vive en un laberinto desconcertante.

Una persona no sabe a dónde ir ni qué hacer hasta que la luz de Dios brille en su corazón, hasta que llegue a la fe en Cristo. En Cristo, el camino es claro y liso. ¡Qué liberación tan asombrosa es eso para nosotros!

¿Cómo podemos quedarnos callados acerca de eso? ¡Queremos alabar a Dios! Y lo hacemos hablando. Si queremos alabar a alguien aquí en la tierra, podemos hacerlo diciéndole personalmente las virtudes y las bondades que él ha hecho. También podemos alabarlo hablando a otros sobre su bondad. Alabar a Dios no es diferente. Podemos mencionarle personalmente sus bondades, como lo hacemos en la adoración y en la oración. Cuando asistimos a la iglesia, damos testimonio a la comunidad que nos rodea de que hay un Dios que es digno de nuestra alabanza. Es muy importante que pasemos tiempo haciendo esto.

Quizá la mayor parte de nuestra alabanza se hará hablando a otros, es decir, no diciéndole a Dios “¡Cuán grande eres!”, sino diciendo a otros “¡Cuán grande es él!”. Adoramos mejor a Dios anunciando quién es él y qué ha hecho. Cuando presentamos la ley y el evangelio, la misericordia del Padre es reconocida y el plan de salvación es comprendido. Entonces, todos los que creen nuestro mensaje querrán alabar a Dios y vivir para su gloria.

Hablar a otros acerca de Cristo no viene de forma natural. Requiere práctica y determinación. Pero necesitamos tratar de hablar de Jesús como nuestro Señor y Salvador mientras tomamos un café, por las fuentes de agua, entre clases, caminando al siguiente hoyo de golf, en la lancha, después de comer y en el autobús. Si usted se siente incómodo e inadecuado, hable con su pastor o con el comité de evangelismo, si acaso su iglesia tiene uno. Lo animarán y le darán materiales útiles.

Qué privilegio es hablar de las buenas nuevas. Dios nos eligió a nosotros para hacerlo. ¡Pudo hacer que los ángeles lo hicieran, pero nos escogió a nosotros!

Nunca olvide que necesitamos al Espíritu Santo para llevar a cabo este gran privilegio. Sin él, nuestras acciones y pensamientos deshonrarían a Dios. Pero con el Espíritu Santo podemos alabar a Dios con la vida y la voz que nos ha dado.

Oración:

Oh Espíritu Santo, ayúdanos a alabar a Dios con nuestra voz. Amén.

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