EL REGALO DE LA SALUD QUE NOS DA JESÚS

Alaba, alma mía, al Señor, . . . Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias. Salmo 103:3

El Dr. Gordon Alles fue un químico que ayudó a desarrollar la insulina como un tratamiento para la diabetes. Hoy en día, muchos se siguen beneficiando de su investigación. ¿Sabía usted, que a pesar de eso, el Dr. Alles murió por causa de la diabetes en 1963? Él ni siquiera sabía que estaba enfermo.

No hay una enfermedad espiritual más grave que el pecado, pero muchos no saben que la tienen. El fariseo le dio gracias a Dios porque no era como los otros: ladrones, malhechores, adúlteros (Lucas 18:11). Ese fariseo estaba mortalmente enfermo de orgullo pecaminoso y ni siquiera reconocía los síntomas. El joven gobernante rico pensaba que era lo suficientemente bueno para merecer el cielo, pero no podía pensar en separarse de sus posesiones (Lucas 18:18). Ese joven tenía la influenza que se contrae por el pecado de amar a los bienes terrenales más que a Dios. ¿Y mi enfermedad? ¿Sé cuán enfermo estoy? ¿Cuán terminalmente enfermo estoy con la enfermedad del pecado? Si no lo sé, voy a sentir muy poca necesidad de la sanidad que el misericordioso Dios nos da en Jesús.

¡Qué gran médico es el Señor! Él no se limitó a diagnosticar mis pecados usando los rayos X y la resonancia magnética de su ley, para decirme lo enfermo que estaba; además, escribió y dispensó la receta para mi curación. Envió a su Hijo para sanar a pecadores como yo. Jesús murió por mis pecados, los llevó con él a la tumba y los dejó ahí por siempre. Él es la medicina que necesita mi alma moribunda. Y, a no ser que lo rechacen, este médico divino nunca pierde un paciente.

Oración:

Señor, te pido que cada día me recuerdes mis pecados, para que yo reciba la curación de tu perdón. Amén.