LA PALABRA DE DIOS CREA ARREPENTIMIENTO Y FE EN LOS PAGANOS

Jonás se levantó y fue a Nínive, conforme a la palabra de Jehová. Nínive era una ciudad tan grande, tanto que eran necesarios tres días para recorrerla. Comenzó Jonás a adentrarse en la ciudad, y caminó todo un día predicando y diciendo: «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!».

Los hombres de Nínive creyeron a Dios, proclamaron ayuno y, desde el mayor hasta el más pequeño, se vistieron con ropas ásperas. Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su silla, se despojó de su vestido, se cubrió con ropas ásperas y se sentó sobre ceniza.

—Jonás 3:3-6, RV95

Muchas personas se preguntan cómo es posible que Dios condene a los pueblos gentiles del tiempo del Antiguo Testamento sin haberles dado la oportunidad de convertirse. Tal suposición carece de fundamento pues él «no se dejó a sí mismo sin testimonio» (Hechos 14:17) y el libro de Jonás constituye una evidencia de que Dios envió su palabra por medio de sus siervos no solo al pueblo del Antiguo Pacto sino también a las naciones paganas para arrepentimiento. Hoy nuestras ciudades están superpobladas. Por eso no nos sorprende escuchar que en la India o el África se hayan convertido cinco mil o diez mil personas en un solo día de predicación. Sin embargo el libro de Jonás presenta un impacto evangelístico jamás superado: toda la población de una gran capital pagana se conviertió al Señor.

El profeta Jonás que entró en Nínive con el mensaje de Dios es bastante diferente de aquél que se embarcó rumbo a Tarsis huyendo de Jehová. Jonás llegó con el propósito de anunciar la palabra de Dios en toda la ciudad. Para recorrerla toda necesitaba tres días y sin embargo la palabra de Dios obró el arrepentimiento en el primer día. Jonás predicó la ley: «¡Nínive será destruida!» pero también el evangelio: «Dentro de cuarenta días». Esta última frase es evangelio pues da esperanza. Muestra que si Jehová quisiera destruir Nínive no esperaría 40 días, ni enviaría a su profeta. Simplemente la destruiría sin previo aviso. El Espíritu Santo obró mediante la palabra, y la gente dio fruto de arrepentimiento y fe en forma de ayuno (que evidencia contrición) tanto que incluso el rey «se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza.» (Vers.6). La Biblia no dice que aquellos paganos «creyeron a Jonás». Claramente afirma que «creyeron a Dios». El verbo hebreo «aman» (del que deriva nuestra palabra «amén») traducido aquí «creyeron» es el mismo que se encuentra en Génesis 15:6 que dice: «Abram creyó a Jehová y le fue contado por justicia.» La fe que salvó a Abraham es la misma que salvó a la gente de Nínive.

Oración:

Señor, tu Hijo Jesucristo cumplió la ley en lugar mío y con su sacrificio en la cruz pagó por mis pecados. En gratitud quiero confiar sólo en sus méritos para estar a cuentas contigo. Amén.

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